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Opinión

Una ciudad para el escritor

A pesar de los prejuicios que la rodean, Miami es una ciudad con etiqueta de tierra prometida. Siempre ha sido así. Los primeros inmigrantes llegaron hacia finales de la década de 1890, en trenes provenientes del interior del país, a un pueblo de pescadores conocido como Coconut Grove. Y su área contigua, el Coconut Grove Backcountry, no tardó en despertar la atención por sus bondades agrícolas.

En uno de esos vagones llegó Solomon Merrick, con George E. Merrick (1886 – 1942), su hijo mayor de trece años. Los Merrick habían adquirido una parcela en el Backcountry que ellos acondicionarían para que el resto de la familia los alcanzara más adelante.

A George, lector voraz que desde ya tenía vocación de poeta y escritor, no le entusiasmaba la idea del viaje porque representaba un receso en sus estudios. Y así fue: por nueve años trabajó sus tierras y se ganó la vida en actividades como pavimentando lo que actualmente es la Coral Way por un dólar diario (tareas que realizaba con gusto pues estaba fascinado con los pobladores, los frutos y vegetales tropicales que nunca había visto ni probado). Así y todo su fibra de escritor y devoción por la lectura siempre fueron prioridad. A los veintiuno, sin haber cursado estudios secundarios, debido a su alto nivel cultural, fue aceptado en Rollins College, de Winter Park, Florida, y dos años más tarde en The Law School of New York. Los años de estudio se dedicó a la escritura y la lectura, y consiguió su primera publicación, el relato The Unattainable apareció en la revista The Sandspur, y con The Sponger’s Delilah ganó el concurso de cuento “New York Evening Telegram’s”. Pero una carta de su padre, a quien le quedaba poco tiempo de vida, lo trajo de regreso a Miami para hacerse cargo de la familia y los negocios agrícolas. Para entonces los Merrick eran ya una próspera familia que vivía en la zona de Coral Gables Plantation.

Gozando de bonanza y estabilidad económica, George se casó con Eunice Peacock en 1916 y empezó a valorar una idea que rondaba su cabeza hacía varios años: comprar acres en Coral Gables Plantation y desarrollar un proyecto urbano. El tema lo comentó con artistas de su entorno, que desde su refinada estética dibujaron modelos que más parecían obras de arte que viviendas. Y eso era precisamente lo que quería George. Sin embargo, no fue hasta 1920 en un viaje con Eunice a la Habana, que se deslumbró por las estructuras coloniales y confirmó su idea: desarrollaría un proyecto urbano que unificaría la belleza artística con la arquitectura. Ese mismo año George logró otro de sus grandes sueños, The Four Seas Publishing Company le informó que publicaría su poemario Song of the Wind on a Southern Shore, donde compartió catálogo nada menos que con William Faulkner.

La inauguración de Coral Gables fue en 1921, con veintiséis lotes construidos que parecían pequeñas réplicas de castillos medievales en color terracota –desde ahí poco a poco se fue moldeando el estilo Mediterranean Revival que no fue sino un término impuesto a la arquitectura italiana, francesa y española, adaptada al trópico por las innovadoras ideas de George–. Fue tal el éxito de apertura que en seis días se vendieron trescientos lotes. El crecimiento de Coral Gables fue exponencial: en cuatro años se inscribió en los registros públicos, se consolidó como uno de los proyectos urbanos más importantes de Estados Unidos y el primer gran boom inmobiliario de Florida, en 1925, fue resultado de este fenómeno.

No todos los finales son felices y esa es una regla que castiga a cualquiera. En 1926 uno de los huracanes más devastadores de la historia paralizó el negocio de los bienes raíces y la economía de Merrick sufrió reveses que naufragaron en el alcohol y casi le cuestan el matrimonio, hasta que The Great Depression trajo el colapso definitivo. Cansados de intentar salir adelante en vano, George y Eunice se mudaron a Matecumbe Key, quebrados, donde él se refugió en las letras. Desde entonces George E. Merrick desapareció de la escena de Coral Gables y su regreso fue en 1940, como empleado de la oficina de correos.

Autor de Streets de Miami, Mañana no te veré en Miami y Lado B. Editor de Sub-Urbano.com.

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de agosto de 2016 a las 5:43 p. m. con el titular "Una ciudad para el escritor."

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