Hillary Clinton acomete el tema de la salud mental
Hillary Clinton hizo uno de los anuncios más trascendentales de su campaña la semana pasada, y sin embargo casi nadie habla de eso. La candidata presidencial demócrata divulgó una abarcadora estrategia de salud mental y, a diferencia de muchas de sus propuestas en esta temporada electoral, esta tiene buenas probabilidades de convertirse en ley.
El Congreso se ha esforzado en los últimos años por reformar los planes federales de salud mental, produciendo —aunque aún no las ha aprobado— una serie de medidas con respaldo bipartidista. Este es uno de los pocos temas en los que legisladores podrían ponerse de acuerdo, incluso en un Washington muy dividido, en los meses próximos. La Cámara, en realidad, ya ha aprobado una propuesta. Idealmente, el Senado aprobaría su propia reforma antes del año próximo. Pero si los legisladores no envían una propuesta al presidente Obama —lo cual es muy probable teniendo en cuenta el paso de tortuga del Congreso— quien lo suceda debe entrar en el debate y presionar a los legisladores para que aprueben algo.
Es bueno, entonces, que Hillary y los legisladores que con más seriedad están trabajando en estos temas coincidan en muchos puntos valiosos. En primer lugar está tratar la salud mental con la misma prioridad que la salud física. Eso significa eliminar viejos sistemas de pago que restan importancia al cuidado de la salud mental y usar más fondos federales en el sector de la salud para estimular la integración del cuidado mental en las prácticas médicas.
El plan de Clinton contempla $5,000 millones para centros de salud comunitarios que ofrecen tratamiento de salud mental y por consumo de drogas, así como cuidado médico tradicional, junto con elementos de iniciativas de reforma que emergen del Congreso. Entretanto, para resolver la escasez de profesionales de la salud mental, Hillary alentaría inteligentemente la telemedicina, entre otras cosas. La ex secretaria de Estado también propuso aumentar el presupuesto para investigaciones científicas básicas, algunas de als cuales se dedicarían al estudio del cerebro. Aparte del debate sobre la salud mental, demócratas y republicanos se han puesto de acuerdo con frecuencia en costear investigaciones básicas como esta.
Esto no quiere decir que ambos bandos estén de perfecto acuerdo. Un gran obstáculo para aprobar cualquier ley de reforma de la salud mental es el inevitable desacuerdo sobre las fuentes de financiación. Clinton también ha eludido algunos puntos muy controversiales. Varios legisladores quieren alentar el tratamiento asistido a pacientes externos, que requiere dar atención a personas con enfermedades mentales graves. Clinton debe adoptar la idea. Sin programas como estos, el dinero para los centros de salud comunitarios no será tan efectivo, ya que los centros atenderán a menos personas, y no necesariamente a las más necesitadas. Clinton tampoco dijo nada sobre suavizar leyes sobre registros médicos, dando a las personas más información de manera que puedan ayudar a sus familiares con enfermedades mentales. Esta es otra buena idea, si se hace con cuidado. También lo es requerir que las subvenciones federales a la salud mental vengan con el requerimiento de que los programas financiados muestren éxito, otra reforma que Clinton eludió.
De todos modos, la atención de Clinton al tema es necesaria y bienvenida. Si llega a la presidencia, haría mucho bien.
Este editorial apareció originalmente en el Washington Post.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de septiembre de 2016, 5:54 p. m. with the headline "Hillary Clinton acomete el tema de la salud mental."