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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Los atentados del 9/11, quince años después

Shirley B. Dreifus posa en el Museo del 9/11, en Nueva York, junto a la bandera que los bomberos izaron sobre las ruinas del World Trade Center el día del ataque. La bandera pertenecía a Dreifus.
Shirley B. Dreifus posa en el Museo del 9/11, en Nueva York, junto a la bandera que los bomberos izaron sobre las ruinas del World Trade Center el día del ataque. La bandera pertenecía a Dreifus. Getty Images

Muchos recordamos con exactitud lo que estábamos haciendo una mañana hace 15 años, cuando el horror y la devastación del terrorismo golpearon a la nación norteamericana como nunca antes en su historia.

Las imágenes de los majestuosos edificios del World Trade Center cubiertos de humo estremecieron a la población, que vio con horror como las dos torres gemelas se desplomaban en el lapso de una hora y 42 minutos.

En la misma mañana, los terroristas que secuestraron cuatro aviones de American Airlines y de United Airlines para cometer el horrible crimen estrellaron una aeronave contra el Pentágono. El vuelo 93 de United se dirigía a Washington, pero se precipitó a tierra en Pensilvania cuando los pasajeros se alzaron heroicamente contra los secuestradores.

Los atentados del 9/11 dejaron un doloroso saldo de 2,996 muertos y más de 6,000 heridos. Las pérdidas en daños a infraestructura y propiedades sumaron por lo menos $10,000 millones.

Los ataques generaron tanto dolor como incertidumbre. Los terroristas ya no eran enemigos sinuosos que operaban en las sombras, en países remotos. Podían golpear aquí mismo, en el corazón de nuestras ciudades. Pero la nación no se amilanó.

La guerra contra el terrorismo que se lanzó casi de inmediato buscó exterminar la plaga, detener nuevos ataques. En gran medida lo consiguió, al derrocar al gobierno extremista de Afganistán y privar de esa manera al grupo terrorista Al Qaeda, artífice de los atentados del 9/11, de una base de apoyo. Pero los asesinos siguieron golpeando en otros parajes, especialmente después que la invasión de Irak en el 2003 abrió una caja de Pandora en el Medio Oriente.

Los ataques realizados bajo la dirección del presidente Obama contra Al Qaeda debilitaron considerablemente a la red terrorista, sobre todo cuando su líder, Osama bin-Laden, murió a manos de tropas especiales norteamericanas en su escondite de Abbottabad, en Pakistán, el 2 de mayo del 2011.

Al Qaeda quedó decapitada, pero un nuevo grupo, el Ejército Islámico (EI), surgió de repente, con una ideología extremista y una ferocidad criminal. El EI no solo ha llevado la guerra y la muerte a las poblaciones del Medio Oriente; también ha estado detrás de atentados cometidos en varios países europeos y ha radicalizado a jóvenes para lanzar nuevos ataques en Europa e incluso en Estados Unidos.

En esta larga contienda contra un enemigo sanguinario, hemos tenido muchos aciertos, y también hemos cometido errores. Pero Estados Unidos y el resto de Occidente han mostrado una firme determinación frente a la amenaza, y sobre todo la decisión de no claudicar.

Los ataques del 9/11 no pusieron a la nación de rodillas. Todo lo contrario: nos unimos en la causa común de recuperarnos y hacer frente al enemigo. Lo mismo sucederá ahora ante el peligro que constituye el Estado Islámico. Son adversarios implacables, pero no invencibles. Con el recuerdo de los caídos hace 15 años en un atentado abominable, la nación combatirá a la nueva plaga hasta derrotarla definitivamente.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de septiembre de 2016, 5:58 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Los atentados del 9/11, quince años después."

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