Una actitud positiva hacia el libre comercio
A pesar de toda la retórica negativa sobre el libre comercio, el público norteamericano todavía tiene una actitud sorprendentemente positiva hacia la globalización.
A los norteamericanos les gusta el libre comercio, según una encuesta del Consejo de Asuntos Mundiales de Chicago. El resultado es inesperado.
En su firme campaña por la nominación demócrata a la presidencia, el senador Bernie Sanders se enfocó en su oposición al tratado pendiente de libre comercio entre Estados Unidos y 11 países en ambas orillas del Pacífico. De modo similar, Donald Trump ha armado mucho ruido con su condena a los tratados de libre comercio, y Hillary Clinton, que fue partidaria del acuerdo, ahora ha dado un giro de 180 grados ante la oposición de sindicatos y miembros de su partido.
Sin embargo, el público parece entender el detalle básico de los acuerdos de libre comercio: la globalización es una fuerza imparable, una realidad que hay que afrontar. La participación de Estados Unidos en esos tratados es la mejor forma de proteger y promover los intereses económicos norteamericanos en el extranjero.
¿Son perfectos? No. Cualquier pacto complicado que intente regir la relación económica entre varios socios comerciales probablemente contendrá cláusulas que podrían ser mejoradas. Pero condenar todos los acuerdos, como la pendiente Asociación Trans Pacífica (TPP), porque no son perfectos es un error.
El TPP, en particular, es necesario para mantener la posición de Estados Unidos en el Extremo Oriente. No es, como algunos han dicho, un arma económica que se puede usar contra China, sino más bien una herramienta del poder económico norteamericano que puede unir a este país y a sus aliados regionales para mantener la estabilidad en esa parte del mundo.
No “detendrá” a China —esa nunca fue su intención— pero puede reforzar la diplomacia norteamericana. Contiene protecciones ambientales y laborales mejoradas, así como cláusulas para que los aliados de Estados Unidos acepten normas norteamericanas de comercio e inversión. Requiere considerables reformas económicas en algunos países sin cambiar las normas norteamericanas actuales.
Los trabajadores norteamericanos tienen razones legítimas para oponerse a los tratados comerciales. El crecimiento del comercio puede afectar a algunos miembros de la fuerza laboral de Estados Unidos, y la globalización tiene definitivamente resultados mixtos en la economía nacional.
Pero el proteccionismo —elevar los aranceles, como Trump ha sugerido— es una estrategia contraproducente. Levantar un muro contra los mercados extranjeros, donde vive más del 90 por ciento de la población mundial, nos afectaría tanto como afectaría a nuestros competidores, cuando no más.
Esa no es la manera de ayudar a los trabajadores norteamericanos porque la transformación de la economía mundial, que abarca más automatización, mercados globalizados y cambios en la manufactura, tendrá lugar de todas formas.
Más capacitación para obreros desplazados, una red de seguridad más fuerte para los trabajadores que pierdan sus empleos por cualquier razón, y salarios más altos para todos a la larga ayudarán a los que dan un aporte a la economía mucho más que apartarnos del mundo.
En el Sur de la Florida, donde el comercio con otros países es un motor de la economía, las mejoras de capital de más de $1,000 millones en el Puerto de Miami ya están completas. El puerto contribuye con $28,000 millones anuales a la economía local y genera más de 207,000 empleos. Cada uno de ellos es una razón más para apoyar la participación de Estados Unidos en el libre comercio.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de septiembre de 2016, 4:39 p. m. with the headline "Una actitud positiva hacia el libre comercio."