A debate Hillary Clinton y Donald Trump
La última etapa de la temporada electoral empieza este lunes por la noche, cuando Hillary Clinton y Donald Trump llevan a cabo su primer debate presidencial.
Se espera que una audiencia récord de más de 100 millones sintonice el debate. Muchos ya se han decidido; otros podrían estar a punto de apretarse la nariz y escoger a uno.
De todos modos, el debate es histórico: ninguna mujer ha llegado tan lejos en la contienda por la Casa Blanca.
Esperamos que el evento de 90 minutos no se limite a echarse fango mutuamente, a los insultos y a declaraciones incendiarias. Sabemos que Clinton llegará preparada, ¿pero cuál de los dos Trump se presentará? ¿El que no piensa lo que dice o el que ensaya sus presentaciones?
Queremos saber de una vez por todas cómo cada candidato piensa mejorar la vida de los norteamericanos.
Cómo van a mejorar nuestra economía, detener la desaparición de la clase media, protegernos del terrorismo, terminar o aliviar nuestros conflictos raciales, lograr que los jóvenes piensen que la nación va en el rumbo correcto, resolver el problema del desempleo y reducir la desigualdad. Queremos oír planes reales, no fantasías.
Todos sabemos que ambos candidatos tienen una baja puntuación en credibilidad. Las últimas encuestas indican que el 55 por ciento tiene una percepción desfavorable de Clinton, y el 58 por ciento de Trump; solo el 34 por ciento de los votantes consideran que los candidatos son honestos y confiables.
Pero debemos escoger a uno. Nadie debe dejar de participar en la elección del presidente de los Estados Unidos. Y aunque los problemáticos candidatos crean una necesidad de alternativas, los norteamericanos, en esta elección, no deberían desperdiciar su voto apoyando a un candidato de un tercer partido que no tiene posibilidades de ganar.
Hay que ponderar el impacto que esta contienda tendrá en nuestro país por los próximos años.
Entendemos que los partidarios de Trump están hartos del establishment, de los Clinton, del status quo. Este año, Trump es el agente del cambio. Pero clamar por un cambio solamente no es una razón para votar por Trump. El candidato republicano debe decirnos cómo costeará lo que ha propuesto; cómo hará a América grande de nuevo, y qué es lo que eso conlleva. No puede seguir diciendo que lo hará, sin dar más explicaciones.
Trump responde las preguntas sobre su capacidad de dirigir un país diciendo que él dirige un imperio comercial. Este lunes, pregúntese qué clase de experiencia necesita un presidente. Más importante, Trump debe denunciar a sus partidarios que son incitadores al odio. No son la mitad de sus partidarios, pero sí hacen bastante ruido.
En cierto sentido, el camino de Clinton es más difícil. Sus credenciales no se cuestionan y ha soportado un escrutinio sin precedentes. Pero es curioso que la ex primera dama, ex senadora federal y ex secretaria de Estado, no despierte más simpatías. La ven como una integrante de la clase política, a diferencia de Trump, y eso la perjudica.
Clinton debe admitir sus errores: el lío de los correos electrónicos, el secreto sobre la neumonía, el comentario sobre la “cesta de deplorables” seguidores de Trump, y decir a los norteamericanos que ella es su única esperanza. Tiene que decirnos que no hace falta que la amemos, pero que si queremos a Estados Unidos y lo que representa, ella es nuestra única opción. Ese debe ser su mensaje.
Debemos escuchar con la mente y el corazón abiertos lo que cada candidato nos promete.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de septiembre de 2016, 4:17 p. m. with the headline "A debate Hillary Clinton y Donald Trump."