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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Paz en Colombia: el pueblo tiene la palabra

Una multitud en Bogotá celebra la firma del acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla, el lunes pasado.
Una multitud en Bogotá celebra la firma del acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla, el lunes pasado. AP

Con una bala reconvertida en bolígrafo (un balígrafo), el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño, alias Timochenko, firmaron el lunes pasado un histórico acuerdo de paz en la ciudad de Cartagena.

Los detalles del acuerdo se culminaron el 24 de agosto en La Habana, que fue sede durante cuatro años de difíciles negociaciones entre el gobierno colombiano y la guerrilla.

Este domingo, en un plebiscito, el pueblo decidirá si el acuerdo entra en vigor o no.

“Prefiero un acuerdo imperfecto que salve vidas a una guerra perfecta que siga sembrando muerte y dolor en nuestro país, en nuestras familias”, dijo Santos.

Según los datos más recientes, el conflicto ha dejado 260,000 muertos, 45,000 desaparecidos y 6.9 millones de desplazados. Un costo altísimo que de ninguna manera debe seguir creciendo. Una guerra sin sentido que deja una herida abierta en el tejido nacional, que tomará mucho tiempo para cicatrizar.

El proceso de paz ha estado asediado desde su inicio por una candente polémica. Los opositores al pacto han denunciado que los crímenes cometidos por los guerrilleros podrían quedar impunes. Pero el acuerdo contempla la aplicación de la justicia a los culpables de crímenes, en cualquiera de los dos bandos que formaban parte del conflicto. Eso no garantiza que algunos escapen a la justicia y no paguen por sus desmanes.

Las últimas encuestas indican que la mayoría votará este domingo a favor de la implementación del acuerdo. De ser así, el pacto entraría en vigor, cambiando balas por votos al producirse el desarme de las FARC y su incorporación a la vida política dentro del marco constitucional.

Queda todavía alzada en armas la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que aunque no tiene la fuerza ni el número de combatientes de las FARC, no deja de ser una espina en el costado de la democracia colombiana. Los dirigentes del ELN han manifestado su disposición a entablar un diálogo con el gobierno, similar a las conversaciones de paz con las FARC. Hay mucho camino por andar todavía para llegar a un pacto que desmovilice a los guerrilleros del ELN, pero al menos se ha dado el primer paso.

Este domingo, el pueblo colombiano tiene la palabra. Escoger entre la guerra y la paz no debe de ser difícil, aunque de todas formas quedará una profunda huella de dolor causado en más de medio siglo de contienda fratricida. Pero la prolongación del conflicto no traería alivio a esa pena. Solo la concordia nacional y la convivencia realmente democrática pueden curar las heridas del pasado.

Como dijo Ingrid Betancourt, la célebre ex rehén de las FARC, el acuerdo de paz es “el final de una pesadilla”.

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de septiembre de 2016 a las 2:49 p. m. con el titular "EN NUESTRA OPINIÓN: Paz en Colombia: el pueblo tiene la palabra."

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