EN NUESTRA OPINIÓN: Tras el rechazo al acuerdo de paz con las FARC
Después de la votación del domingo pasado contra el acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) al cabo de 52 años de conflicto interno, es obvio que una ligera mayoría de los colombianos se negó a poner la otra mejilla. Se ha derramado demasiada sangre; se han perdido demasiadas vidas.
Para muchos colombianos, es un asunto personal.
El plebiscito del domingo sobre el acuerdo de paz se decidió por un margen muy estrecho: 50.2 por ciento en contra y 49.8 por ciento a favor.
El referendo les planteó un dilema a los colombianos: ¿se dejaban llevar por su deseo de tener paz, o exigían que, tras décadas de terrorismo, la guerrilla de las FARC pagara primero por sus crímenes?
El resultado fue sorprendente, porque muchas encuestas habían pronosticado un triunfo del sí, y ahora queda una carga de riesgo e incertidumbre sobre la sociedad colombiana.
Sin duda, el debatido acuerdo entre los jefes guerrilleros y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos dio a los rebeldes de las FARC el equivalente a un golpe en la mano: son personas que han cometido acciones deplorables e inhumanas, como violaciones, torturas, asesinato de civiles, masacres y la destrucción de poblados por medio del fuego.
Sin embargo, era improbable que los criminales de guerra hubieran cumplido penas de cárcel tras confesar sus espantosos actos y aceptar dar una compensación a las víctimas. Era posible que cumplieran quizá sentencias de ocho años trabajando en cooperativas agrícolas.
Además, el pacto daba a las FARC cierta influencia política, con varios escaños en la Asamblea Nacional. A cambio, los insurgentes depondrían las armas.
Para muchos colombianos era una píldora amarga, difícil de tragar.
Aunque la guerra con las FARC afectó prácticamente a todos los colombianos, los que viven en zonas rurales han sido los que más han sufrido. En esas áreas es donde ha habido el mayor número de muertes, donde civiles inocentes han sido víctimas. Como se esperaba, en esas regiones la mayoría votó a favor del acuerdo de paz.
Con sus boletas dijeron: ¡Basta!
Pero la mayoría que votó en contra no podía perdonar y olvidar. Su dolor también se debe reconocer, no criticar.
Al rechazar el acuerdo de paz, los colombianos dejan a su país en un limbo. Es alentador que las FARC no parezcan dispuestas a empuñar de nuevo las armas, y que el gobierno de Santos esté decidido a seguir buscando la paz.
Pero ahora que los opositores del acuerdo, sobre todo el ex presidente Álvaro Uribe, han conseguido lo que buscaron con tanto afán, un triunfo del No, comparten la tarea de alcanzar un compromiso nacional que ponga fin definitivamente al conflicto.
Eso significa regresar a la mesa del diálogo, buscar un nuevo acuerdo y posiblemente que los culpables asuman la responsabilidad por la sangre derramada durante medio siglo.
Sin duda, es lo que la mayoría de los colombianos desea.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de octubre de 2016, 3:24 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Tras el rechazo al acuerdo de paz con las FARC."