EN NUESTRA OPINIÓN: El plan de Clinton para combatir la pobreza
El plan de Hillary Clinton para aliviar la pobreza en este país, ofrecido a pocas semanas de una reñida elección presidencial, es un sólido ejemplo de lo que la atención a los detalles y el dominio de la política pueden producir. El elemento principal es un cambio aparentemente simple al crédito fiscal federal por hijo. Pero ese cambio tiene el potencial de sacar a más de un millón de familias de la pobreza extrema, la que sufren los que ganan menos de la mitad del umbral federal de la pobreza, unos $10,000 por un padre o una madre con dos hijos.
Estas familias suelen ser olvidadas en los debates políticos. Aunque en una gran proporción son familias integradas por personas de color, en números abstractos la mayoría está compuesta por familias blancas sin trabajo y con hijos de corta edad. Su cantidad empezó a crecer después de 1996, cuando el entonces presidente Bill Clinton prometió “cambiar el bienestar social como lo conocemos” y promulgó cambios que, en efecto, redujeron la cantidad de personas en el welfare. Pero 20 años más tarde, una consecuencia indeseada ha aparecido: más de 7.2 millones de niños ahora viven en la pobreza extrema.
El crédito fiscal de $1,000 por hijo que ha ayudado a tantas familias a cubrir el costo de criar a los hijos está fuera del alcance de muchos de esos padres que ganan bajos ingresos o ningún ingreso. Los que tienen ingresos de menos de $3,000 no son elegibles, y los que ganan hasta $10,000 solo pueden reclamar un reembolso parcial. Hillary Clinton eliminaría esos límites, permitiendo incluso a las familias más pobres reclamar el crédito pleno. Las familias de clase media también se beneficiarían: el crédito fiscal se duplicaría a $2,000 por los hijos hasta 4 años de edad.
El crédito tiene sus raíces en Minnesota, donde el congresista republicano Rod Grams fue el primero en abogar por un crédito de $500 por hijo. El presidente George W. Bush lo duplicó y extendió la elegibilidad al hacerlo reembolsable. El presidente Obama bajó el umbral de la elegibilidad de $10,000 a $3,000 de ingresos, ampliando su alcance. El crédito, que se elimina progresivamente en los niveles de ingresos más altos, ha sido popular en los dos partidos.
La propuesta de Clinton podría aumentar los ingresos para más de 5 millones de las familias más pobres de la nación, sin crear nuevas agencias o burocracias. En esta forma, funcionaría casi como una forma de ingreso garantizado, usado en muchos países como una vía para aliviar la pobreza y propuesto una vez en Estados Unidos por el presidente republicano Richard Nixon. Su plan habría reemplazado al bienestar social por completo con un pequeño ingreso federal que serviría de base a las familias y que alentaría los ingresos externos, en vez de desalentarlos.
El plan de Clinton es un punto de partida para lidiar con el problema de la pobreza extrema y debe ser atractivo para los republicanos preocupados. Un análisis del American Enterprise Institute, un centro de ideas conservadoras, señaló que aunque el plan de Clinton no contempla formas de mover a esas familias al mercado laboral, la expansión del crédito “claramente nos mueve en la dirección correcta y daría un alivio importante a las familias trabajadoras de bajos ingresos”.
El senador republicano Marco Rubio, durante su aspiración presidencial, propuso elevar el crédito fiscal por hijo a $2,500.
¿Qué tal si un nuevo Congreso y un nuevo presidente empiezan su relación de trabajo en enero buscando un terreno común en el intento por ayudar a los más pobres del país?
Este editorial se publicó originalmente en el Minneapolis Star Tribune.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de octubre de 2016, 5:33 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: El plan de Clinton para combatir la pobreza."