Trump vuelve a errar en el debate
Durante una hora el miércoles por la noche, Donald Trump se las arregló para parecer un candidato presidencial creíble, dispuesto a concentrarse en los temas importantes y sin caer en las distracciones fútiles que han caracterizado a su campaña.
Pero cuando le preguntaron si seguiría la tradición norteamericana de aceptar los resultados de la elección y apoyar al candidato ganador, volvió a errar. “Lo consideraré cuando llegue el momento”, le dijo al moderador Chris Wallace. “Los mantendré en suspenso”.
Su negativa a decir si aceptaría la decisión de los votantes sirvió una vez más para recordar a los norteamericanos que sintonizaron el tercer y último debate de esta curiosa temporada electoral que Trump no respeta las tradiciones políticas norteamericanas, y es más, parece despreciarlas. Explicó su posición reiterando sus sospechas de una manipulación en las elecciones, pero sin ofrecer la menor prueba.
Al parecer, está dispuesto a armar líos en vez de aceptar una derrota en las urnas.
En los primeros 60 minutos, el debate entre Hillary Clinton y Trump se centró en los temas. No fue un intercambio amistoso de ideas, pero los dos candidatos, bajo la capaz dirección de Wallace, evitaron en buena medida los desagradables choques de los dos primeros debates.
Hubo discusiones sobre ISIS, Putin, el Medicare, Wikileaks, la Seguridad Social y otros temas relevantes.
Lo cierto es que Trump entró en el debate casi 10 puntos a la zaga de Clinton y necesitaba cambiar la dinámica de la contienda. Pero a pesar de su relativa contención, no lo consiguió. La imagen es importante, pero no nos engañemos: la sustancia importa más. Clinton volvió a mostrar su disciplina y la profundidad de su pensamiento.
Trump se aferró a un plan económico que economistas de diversas tendencias ideológicas han criticado. Repitió su ridícula idea de que levantaría un muro entre México y Estados Unidos y que México lo pagaría. En un alarde exagerado, dijo que apresaría a los barones de la droga en Estados Unidos en cuanto sea presidente —algo que desde hace décadas el gobierno ha tratado de lograr y no ha podido—. Pero no dijo cómo.
Es difícil creer que lo que ocurrió en el debate en Las Vegas haya inclinado a cualquier votante independiente o indeciso a votar por Trump.
Hay que reconocer que Clinton también falló en algunas preguntas, como las preguntas sobre la revelación de Wikileaks de que una vez pronunció un discurso en el cual favoreció tener “fronteras abiertas”. Pero ofreció una explicación clara y concisa de sus opiniones sobre el control de las armas, la economía, la inmigración y el aborto, mientras Trump hacía muchas promesas y daba pocos detalles.
Entre esas promesas, casi al final Trump declaró: “Haré más por los afroamericanos y los latinos que lo que ella podría hacer en 10 vidas”. Una vez más, Trump volvió a prometer algo sin decir exactamente lo que haría, o cómo lo haría.
A estas alturas, los norteamericanos ya han visto y oído suficiente, y deben saber bien por quién votar. Hillary Clinton es la mejor opción.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de octubre de 2016, 2:25 p. m. with the headline "Trump vuelve a errar en el debate."