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Editorial

Donald Trump y la política del miedo

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, durante su visita a la Casa Blanca para reunirse con el presidente Obama, el 10 de noviembre del 2016.
El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, durante su visita a la Casa Blanca para reunirse con el presidente Obama, el 10 de noviembre del 2016. TNS

Las comunidades de inmigrantes a lo largo y ancho del país – incluyendo las del sur de Florida – han entrado en pánico. Y no es para menos. Tienen la razón de estar asustados en cuanto a lo que les depara el futuro bajo el mandato del presidente electo Donald Trump y el ánimo que éste infunde a los llamados haters que odiosamente disfrutan gritando “¡deporténlos a todos!”.

El ambiente de odio que salió a relucir durante la campaña ha explotado desde que Trump cantó victoria. En un periodo de seis días, comenzando desde el 9 de noviembre –el día después de la elección– el Centro Southern Poverty Law recogió 437 quejas por intimidación y acoso por odio, 136 de éstas fueron hechas a inmigrantes. Estos números apenas son la punta del témpano.

Trump hizo todo lo posible por dragar la histeria anti inmigrante entre los votantes, y entonces supo capitalizarla, de costa a costa, y convertirla en una victoria. Lo criticamos en ese entonces y aún creemos que estaba equivocado ya que su retorica estaba cargada de desinformación, demagogia y animadversión racial.

Sin embargo, en su primera entrevista después de su victoria, Trump bajó un poco el tono. Le dijo al programa “60 Minutos” que, como presidente, él deportaría o encarcelaría a unos tres millones de inmigrantes criminales. Esto suena como una amenaza, pero la triste realidad es que el gobierno de Obama ya ha batido récord con 2.7 millones de deportaciones desde el 2008. Y si lo que Trump llama “criminales” son extranjeros que han cometido delitos, el número es de apenas 820,000 de entre los 11 millones de personas que viven en el país de forma ilegal, según cifras del Instituto de política migratoria.

La semana pasada, Trump designó al Sen. Jeff Sessions de Alabama como Fiscal General. Sessions es el principal enemigo de la reforma migratoria en el Senado. Hace años, antes de ser electo senador, su nominación para la corte federal se vio obstaculizada por acusaciones de racismo. Ya habrá tiempo para revisar sus credenciales para ser el que ocupe el lugar del más alto ejecutor de la Ley. De más está decir que por ahora esa designación hace muy poco para calmar los bien fundados miedos de lo que puede traer la presidencia de Trump para las comunidades de inmigrantes y para aquellos que aprecian las libertades civiles.

Trump tiene derecho a impulsar las políticas que defendió durante la campaña, pero el debería considerar que un acercamiento conciliatorio es mejor, no solo para el país, sino para el éxito de su propia estadía en la Casa Blanca.

En primer lugar, las deportaciones masivas del tipo que imaginan los más fervientes seguidores de Trump, son imposibles. La maquinaria requerida para recoger a millones de inmigrantes no existe. El caos que esto causaría en cada una de las principales ciudades del país estremecería el sistema político hasta sus raíces.

Ya Trump se ha encontrado con el rechazo de amigos y enemigos por igual. El presidente del Senado, Paul Ryan ya le dijo que eso no iba a pasar. Los líderes del partido republicano saben que las redadas masivas envenenarían la política.

Además, algunos prelados de la iglesia Católica le han dejado saber a Trump que están dispuestos a darle pelea si desea perseguir esas ideas sin sentido. El más nuevo de los cardenales estadounidenses, el Arzobispo Joseph Tobin de Indianapolis, dijo en Roma, la semana pasada, que la Iglesia no iba a dejar de recibir migrantes y refugiados en este país.

A la vez, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos ya dijo ¡Amén! al designar como su vice presidente al arzobispo José H. Gómez de Los Ángeles, quien es un inmigrante mexicano hecho ciudadano estadounidense y uno de los más fuertes defensores de los inmigrantes que tiene la Iglesia.

Eso es un mensaje enviado directamente al presidente electo. Ojalá y escuche.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de noviembre de 2016, 8:46 p. m. with the headline "Donald Trump y la política del miedo."

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