EN NUESTRA OPINIÓN: La gratitud, madre de las virtudes
Fueron los padres peregrinos abordo del Mayflower que reclamaban emancipación religiosa quienes plantaron el semillero de los valores de Estados Unidos, nación que desde aquellos remotos tiempos ha acogido, con generosidad e impecable bondad, a cientos de millones de inmigrantes como ellos.
En el otoño de 1621 los colonos obtuvieron la primera cosecha exitosa de la tierra en este nuevo continente. El gobernador del asentamiento de Plymouth organizó una celebración de tres días y convidó a un banquete a algunos de los nativos que con sus astutos consejos habían soslayado el hambre de los ingleses. El festejo se convirtió en una hermosa práctica habitual. Así nació el Día de Acción de Gracias –Thanksgiving– que hoy congrega a los norteamericanos en una cálida jornada de celebración familiar alrededor de ornamentadas mesas rebosantes de delicias, en señal de abundancia y armonía.
El asueto nacional exhorta a reflexionar sobre la importancia de la familia, la salud y el trabajo. Asimismo, nos impulsa a valorar la oportunidad de disfrutar de la vida, la libertad y la consecución de la felicidad, derechos consagrados en la Declaración de Independencia. Motivo este para mantener encendida la llama de la gratitud, en especial al observar los males que azotan al mundo. Somos privilegiados de ser libres y seguir las cualidades señeras de los Fundadores de la patria, héroes que perseveraron y se sacrificaron en aras de afincar en la hermandad a una sociedad sin castas ni privilegios.
Ser agradecido significa pausar en el árido sendero del cotidiano para identificar y estar consciente de los obsequios y bendiciones que recibimos. Es el remedio natural para manejar, y hasta superar, problemas perturbadores, dado que permite divisar el hecho con una mirada sosegada y enmarcarlo dentro de un panorama que comprende el torrente de aspectos positivos en derredor nuestro.
No hay forma más sublime de agradecer lo que uno posee, ya sea poco o mucho, que compartiéndolo con el prójimo. Ese es el dictado de la caridad exaltada por la herencia judeocristiana. Año tras año, el Nuevo Herald y Miami Herald sirven de puentes entre las personas más necesitadas del Sur de Florida y aquellas almas en la comunidad anhelosas de tenderles una generosa mano de soporte económico y moral. El Wish Book –el Libro de Deseos– de la temporada navideña 2016 comienza este fin de semana, presentando decenas de desgarradores testimonios que inspiran a los lectores. Estos a su vez, atentos al bienestar del semejante, responden con ofertas de empleo, asistencia de vivienda, mensajes de apoyo y un profuso manantial de donaciones, incluyendo, el año pasado, un ojo prostético.
La gratitud o la facultad de ser agradecidos está vinculada con la satisfacción general, optimismo, esperanza y vitalidad. Numerosos estudios científicos comprueban que sentirla optimiza el estado de ánimo, mejora la autoestima y nos hace menos susceptibles a emociones negativas como la frustración, decepción y el miedo.
Eso explica por qué el Día de Acción de Gracias ha logrado sortear la corriente materialista para conservarse fiel a su espíritu original, a diferencia de otros asuetos algo banalizados. Su festejo es un don de la cultura norteamericana que todos los inmigrantes en este país estamos comprometidos a enarbolar. Formalmente, sí, lo hacemos hoy con sumo regocijo. Pero, haya o no cosecha, cada día merece celebrarse como si fuera el último y el eterno.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de noviembre de 2016, 4:28 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: La gratitud, madre de las virtudes."