EN NUESTRA OPINIÓN: Trump adopta un tono distinto con la inmigración
De todos los temas que despertaron el entusiasmo de los partidarios de Donald Trump durante la campaña, ninguno tuvo más peso emocional que la inmigración. Satanizar a los inmigrantes y hablar de un muro fronterizo y de deportaciones masivas nunca deja de exaltar a los seguidores de Trump.
Ahora que es el presidente electo, está cambiando el tono, y eso es bueno.
¿Deportaciones masivas? Vamos a librarnos de los criminales conocidos entre los inmigrantes indocumentados, dice ahora Trump. Esta nueva postura es una aceptación de la realidad, y coincide con la política del presidente Obama, a quien los defensores de los inmigrantes lo llamaron “deportador en jefe”.
Según estimados, hay 820,000 personas viviendo sin permiso en el país que tienen cargos penales; de estos, 300,000 han sido declarados culpables de delitos graves. Es una cifra elevada, pero la nueva idea de Trump tiene más sentido, y menos probabilidades de crear un altercado político, que acometer la imposible tarea de tratar de deportar a los 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos.
Otro obstáculo a la fuerza de deportación que Trump imaginó una vez está en el caos del sistema de tribunales de inmigración. Muchas deportaciones, quizá cientos de miles, tendrían que ser aprobadas por jueces de inmigración. Pero los tribunales de inmigración no dan abasto. Tienen más de medio millón de casos pendientes, y el Congreso solo ha autorizado 300 puestos de jueces de inmigración. Hasta el plan rebajado de deportaciones de Trump avanzaría muy lentamente.
¿El muro? Quizá será una valla, dijo Trump después de la elección, tal vez al darse cuenta de que el costo sería ridículamente elevado, unos $40,000 millones, según cálculos.
Trump prometió revertir todas las órdenes ejecutivas del presidente, incluida la que permite que unas 740,000 personas se beneficien del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) que el presidente Obama implementó en el 2012 por acción ejecutiva. Otorga a los que llegaron aquí con menos de 16 años de edad, y que cumplen otros requisitos, la amnistía temporal de la deportación y autorización para trabajar. La semana pasada, Trump recibió una carta de los alcaldes de 18 ciudades grandes (Chicago, Nueva York, Los Angeles, Houston, etc.) en la que le piden que no revierta el DACA y aclarando que no cooperarán con ninguna redada masiva de inmigrantes indocumentados.
Trump ha adoptado un tono más suave hacia el DACA y dice que quiere buscar alguna solución para los inmigrantes protegidos por el programa.
Son señales bienvenidas de que ganar la elección ha tenido un efecto calmante sobre su visión de la inmigración. El viernes, varios informes noticiosos indicaron que prominentes líderes empresariales también estaban dispuestos a presionarlo para que abandone sus políticas de línea dura con la inmigración, subrayando el problema político que afrontaría si mantiene su postura anterior. Sabiamente, parece estar dando marcha atrás de sus posiciones extremistas, pero eso no es suficiente para resolver el problema de la inmigración. Necesita un plan detallado si quiere una solución duradera.
La buena noticia es que ese plan ya existe. Se llama reforma integral de inmigración. La mala noticia es que nunca cobró impulso en la presidencia de Obama, debido a la sólida oposición de los republicanos.
Trump podría reírse de sus críticos y anotarse una importante victoria si aboga por la reforma de inmigración y resuelve el problema de una vez por todas.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de diciembre de 2016, 6:57 a. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Trump adopta un tono distinto con la inmigración."