EN NUESTRA OPINIÓN: La salud no es cosa de juego
Una de las prioridades del gobierno de Donald Trump, que toma posesión este 20 de enero, es la derogación de la Ley de Cuidado de la Salud Asequible (ACA por sus siglas en inglés), más conocida como Obamacare.
El presidente electo ha manifestado claramente su intención de eliminar el programa de atención médica, y esta semana el vicepresidente electo, Mike Pence, estaba en el Congreso animando a los republicanos a dar los pasos necesarios para anular el plan de salud.
Al mismo tiempo, el presidente Obama también visitaba el Capitolio, alentando a los demócratas a dar la batalla para salvar su ley, que se promulgó con el objetivo de dar cobertura médica a todos los norteamericanos.
Obamacare ha recibido tantos elogios como críticas. Pero aun sus más enconados detractores deberían reconocer que la ley ha extendido la atención de la salud a más norteamericanos, y que además ha dado a muchas personas la facilidad de recibir tratamientos que antes estaban fuera de su alcance.
Los detalles más importantes del Obamacare entraron en vigor en el 2014. Uno de esos elementos fue la ampliación del Medicaid en muchos estados, la creación de un mercado de seguros con cobertura subsidiada, y la obligación de adquirir un seguro de salud, so pena de pagar una multa. El propósito era que cada norteamericano estuviera cubierto por un plan médico.
Obamacare también contempla que los padres puedan mantener a sus hijos en su seguro médico hasta los 26 años de edad. Y prohíbe que una aseguradora rechace a un solicitante de seguro porque tiene una enfermedad o una condición médica.
La ley se promulgó para solucionar un problema de desigualdad en la cobertura de salud a nivel nacional. Más de 40 millones de norteamericanos no tenían acceso a la atención médica. Esa cifra se ha reducido a la mitad desde la implementación del Obamacare.
Sin embargo, el proceso de poner la ley en práctica se politizó desde sus inicios y sufrió una tenaz oposición, especialmente de los republicanos. En un ambiente altamente politizado, muchos estados optaron por renunciar a los fondos federales y no llevar a cabo la ampliación del Medicaid. Actualmente, 19 estados –entre ellos la Florida– no han extendido el programa médico estatal, que recibe subvenciones del gobierno federal. En consecuencia, unos tres millones de personas de bajos ingresos que debían haber recibido cobertura no la han obtenido.
Es irónico que mientras en la Florida no se aceptó la extensión del Medicaid, el Sur de la Florida y sobre todo la ciudad de Hialeah encabezan al país en cantidad de personas inscritas en Obamacare.
El vicepresidente electo Pence dijo el miércoles que el equipo de transición de Trump ya está trabajando con líderes republicanos del Congreso para eliminar el Obamacare mediante una serie de medidas, como nuevas leyes o decretos presidenciales.
El reelecto presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, dijo esta semana que debe haber un “alivio” en la transición hacia una nueva política de salud. Pero el periódico The Hill informó que los planes de republicanos de la Cámara podrían desmantelar la cobertura médica de millones de norteamericanos. El Medicare también podría sufrir recortes, bajo los cuales quizá sus beneficiarios terminarían pagando más para recibir menos.
Cualquier programa que Trump y los republicanos del Congreso elaboren para sustituir el Obamacare no debe dar marcha atrás a los beneficios que ha traído a muchos norteamericanos. El próximo presidente y sus aliados en el Capitolio deben tener muy presente que la atención médica no se debe politizar, y que la salud no es cosa de juego.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de enero de 2017, 6:34 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: La salud no es cosa de juego."