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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: El FBI debió haber investigado más a Santiago

Esteban Santiago
Esteban Santiago ASSOCIATED PRESS

Esteban Santiago, claramente trastornado por lo que pasaba en su cabeza, acudió al FBI semanas antes de la matanza en el Aeropuerto Internacional de Fort Lauderdale-Hollywood el viernes pasado.

Pero las palabras que usó en la entrevista —Estado Islámico, terrorista— no llevaron a los agentes en Anchorage, Alaska, donde vivía, a hacer más que pasar el caso a la policía local, en lo que parece un error enorme en este horrible caso.

Y eso complica la situación de Santiago, un veterano de la Guerra de Irak de 26 años de edad, que afronta cargos por el tiroteo en que murieron cinco personas y ocho fueron heridas.

El domingo, el jefe de policía de Broward, Scott Israel, se presentó en el programa “This Week in South Florida” y sugirió que las personas con problemas mentales no deberían tener armas. Tiene razón. En el 2013, los legisladores del estado ampliaron una ley que prohíbe tener armas a los floridanos enviados a recibir tratamiento por problemas mentales, para incluir a los que se someten voluntariamente a tratamiento. Pero eso no habría ayudado en el caso de Santiago.

Y un escalofriante video de seguridad en que se ve a Santiago disparando se entregó o se vendió a TMZ, una filtración que la policía de Broward debe investigar.

Ahora, mientras más se sabe sobre Santiago y su largo y desafortunado viaje desde Alaska hasta el Sur de la Florida, las preguntas son interminables. En el historial de Santiago hay acusaciones de violencia doméstica, y también una baja de la Guardia Nacional de Alaska por “desempeño insatisfactorio”.

Es imperativo que el FBI y —hasta donde pueden, teniendo en cuenta las leyes sobre confidencialidad— los profesionales psiquiátricos que estuvieron en contacto con Santiago respondan con rapidez.

Lamentablemente, al parecer casi todo el mundo lo hizo todo según la ley, lo cual hace el tiroteo aún más trágico.

El viaje de Santiago no empezó cuando tomó ese vuelo de Delta en Anchorage, sabiendo lo que iba a hacer al aterrizar.

A principios de noviembre, antes de convertirse en un “tirador activo” y abrir fuego contra ese grupo de personas inocentes en el área de recogida de equipajes, Santiago acudió a una oficina del FBI —dejando a su hijo pequeño y una pistola en el auto— y dijo a los agentes que la CIA había controlado su mente y lo obligaba a ver videos de ISIS. Agregó que se sentía obligado a unirse al grupo terrorista. Era obvio que necesitaba tratamiento.

El FBI llamó a la policía local, que arrestó a Santiago. Recibió una evaluación psiquiátrica y estuvo hospitalizado.

Pero nunca lo designaron como enfermo mental. De haberlo hecho, a Santiago, según la ley federal, no se le habría permitido tener un arma de fuego. Pero la policía de Alaska le devolvió su pistola porque no tenía autoridad legal para quitársela.

Por eso Santiago pudo pasar una pistola y balas en una maleta y tomar un vuelo a Fort Lauderdale. No había nada que le impidiera hacer lo que hizo cuando salió del avión.

Aun cuando Santiago estaba muy preocupado por su estado mental y le dijo al FBI que estaba considerando unirse a ISIS, no lo pusieron en una lista de personas a las que se prohíbe tomar un avión, ni en la lista de vigilancia de terroristas.

Necesitamos saber por qué todo eso pasó. Pero sobre todo necesitamos saber que no volverá a pasar.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de enero de 2017, 5:31 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: El FBI debió haber investigado más a Santiago."

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