Prohibición a los refugiados, una orden contra nuestros valores
De un plumazo, el presidente Donald Trump aumentó la inseguridad y la discriminación en este país. Descartó a la vez los procesos básicos del gobierno responsable y los valores norteamericanos de compasión y solidaridad.
La semana pasada, la enésima orden ejecutiva del Presidente cerró las puertas a todos los refugiados y otros inmigrantes de una lista de países de mayoría musulmana: Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen. Las prohibiciones son temporales, pero el daño es más duradero. Los terroristas, sin duda, se están congratulando.
En su promesa de combatir el terrorismo, Trump ignoró convenientemente que la mayoría de los ataques en nuestro país han sido cometidos por terroristas locales, y no todos ellos son musulmanes. Ningún refugiado de los países de la lista nos ha atacado en nuestro territorio, pero Trump y su equipo de gobierno emitieron la orden con tanta torpeza, que ni siquiera pensaron en los que son residentes permanentes de Estados Unidos. Hasta que el gobierno suavizó la orden, a esos residentes permanentes también se les prohibió entrar en Estados Unidos, donde viven, y quedaron atrapados en el pandemónium que se armó en aeropuertos nacionales y en el extranjero, incluso en pleno vuelo.
La administración indica que los refugiados sirios, que huyen de un peligro mortal, no pasan por un examen adecuado antes de entrar en Estados Unidos. En realidad, su proceso de examen toma dos años.
Trump jura que su acción no está dirigida contra ciertas personas debido a su religión. Claro que la religión tiene que ver. Parece que él y sus seguidores piensan que el resto de nosotros somos tontos. Trump tiene a los musulmanes en la mira desde el comienzo de su campaña. Y su plan de dar prioridad a los refugiados cristianos lo denuncia.
La respuesta en el Congreso ha sido débil. Solamente los senadores John McCain y Lindsey Graham, ambos republicanos, manifestaron abiertamente su oposición. Los legisladores demócratas deben aprovechar las protestas masivas contra la prohibición de entrada. Están tratando de que se apruebe una medida para rescindir la prohibición, pero no cuentan con suficientes republicanos que la apoyen.
El sábado, jueces federales en Nueva York y Boston prohibieron que se deportara a algunos refugiados afectados por la orden cuando todavía estaban viajando.
El lunes, Trump despidió a la secretaria de Justicia interina Sally Yates, después que la funcionaria ordenó al Departamento de Justicia que no defendiera la orden ejecutiva en los tribunales y que apoyara “lo que es correcto”. Yates es una sobreviviente del gobierno de Obama, y de todas formas iba a salir del cargo. Su directiva fue correcta, y ahora puede marcharse con la frente en alto.
Arabia Saudita, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos y el Líbano quedaron fuera de la lista. Parece que Trump no conoce bien la historia: la gran mayoría de los terroristas del 9/11 —15— eran de Arabia Saudita, país donde nació Osama bin Laden. Los restantes terroristas del 9/11 eran de Egipto, los Emiratos y el Líbano. Según el New York Times, Trump inscribió ocho compañías en Arabia Saudita en el 2015.
Al mantener su promesa de cambiar las cosas radicalmente, el Presidente trastornó la vida de mucha gente y le echó un jarro de agua fría a la percepción de que Estados Unidos es una nación acogedora. Creó un caos del que seguramente culpará a otros, no a él.
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de enero de 2017, 7:16 p. m. with the headline "Prohibición a los refugiados, una orden contra nuestros valores."