EN NUESTRA OPINIÓN: El Presidente no debe socavar la independencia judicial
La tendencia de Donald Trump de cuestionar la legitimidad de la rama judicial no solo es inapropiada, sino también una amenaza a la independencia judicial.
Está bien que un presidente no esté de acuerdo con la decisión de un juez federal. Es una tradición que se vio una vez más no hace mucho, cuando el presidente Obama cuestionó el fallo de Citizens United en un discurso del Estado de la Unión mientras muchos integrantes del Tribunal Supremo lo escuchaban.
En una democracia representativa saludable, debe esperarse que haya una tensión entre la rama ejecutiva y la judicial. Pero que un presidente se refiera a un juez federal como “un llamado juez” porque falló en contra de la orden ejecutiva sobre inmigración del presidente Trump no está bien. Va en contra del propio núcleo del sistema establecido por los fundadores de la nación.
No solamente eso, sino que el Presidente llevó los temores hacia los inmigrantes al decir que “es posible que muchas personas malas y peligrosas estén entrando en nuestro país” debido a que el juez James L. Robart suspendió la orden ejecutiva sobre los viajes. Es como si Trump no supiera que los refugiados pasan por un riguroso tamiz para entrar en Estados Unidos mucho antes de que él emitiera su orden ejecutiva.
Ningún refugiado de alguno de los siete países señalados por Trump en su orden ha cometido un ataque terrorista en suelo estadounidense en el que haya muerto un norteamericano. De manera que su orden ejecutiva está mal dirigida y ha causado un dolor innecesario a residentes permanentes legales, a niños y a otros viajeros.
Además, Trump atacó el núcleo de nuestra democracia al sugerir que un juez no tiene el derecho de fallar en contra de su gobierno. Debe recordarse un caso anterior, cuando declaró que el juez Gonzalo Curiel no podía ser imparcial porque era de ascendencia mexicana. En ninguno de los dos casos se trató de un caso de política partidista exagerada, porque el juez Robart es un respetado jurista conservador, nombrado por el presidente George W. Bush, y el juez Curiel ha presidido casos contra peligrosos carteles del narcotráfico. Robart fue confirmado en su puesto en una votación de 99-0 en el Senado. Él y Curiel son el tipo de jueces que un presidente como Trump, que se proclama campeón de la ley y el orden, debería estimar. Sin embargo, como se le opusieron, ha tratado de deslegitimizarlos.
Trump comentó en Twitter: “Si algo pasa, échenle la culpa a él y al sistema judicial”. Y: “¿Hasta dónde va a llegar este país cuando un juez puede suspender una prohibición de viajes de Seguridad Territorial?”
Nuestra nación todavía tiene suficientes mecanismos de contrapeso del poder como protección contra un hombre que actúa como si fuera la estrella de un reality show, en vez de actuar como el presidente de la nación más influyente del mundo libre.
Trump, cuando era candidato, conquistó a decenas de millones de electores por su retórica directa y su costumbre de decir lo que piensa sin medir las consecuencias. Fue una de las razones por las que ganó en noviembre, aun después de que esa retórica causara que el presidente de la Cámara, el republicano Paul Ryan, dijera que señalar, como hizo Trump, que el origen étnico del juez Curiel lo descalificaba era la definición literal de un comentario racista.
Pero como presidente, Trump debe considerar las consecuencias de lo que dice. Tiene el derecho de criticar a cualquier juez, pero sin socavar nuestra democracia.
Este editorial apareció originalmente en The Charlotte Observer.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de febrero de 2017, 6:57 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: El Presidente no debe socavar la independencia judicial."