NUESTRA OPINIÓN: Más transparencia en las prisiones
Julie Jones, la nueva jefa del Departamento de Prisiones del estado, habla con orgullo sobre el aire fresco y la transparencia que dice haber llevado a la agencia, aislada y con problemas.
"Cada mensaje electrónico de un familiar preocupado –mayormente de madres–, de activistas y de defensores de los derechos humanos recibe una respuesta mía", aseguró Jones a la Junta Editorial. "Me aseguro de que tengan una solución".
Eso es excelente y refrescante. Pero Carolyn Dawson es una madre que todavía está esperando respuestas del Departamento de Prisiones. Se merece saber qué le pasó a su hijo, Shurick Lewis, preso en el penal de Columbia. Como detalló la reportera del Herald Julie K. Brown, hace más de tres semanas que el hijo de la señora Dawson fue presuntamente pateado y golpeado por tres agentes del departamento, que lo dejaron maltratado y cubierto de sangre en el piso de su celda.
Los tres agentes han sido suspendidos; el alcaide, Monroe Barnes, fue obligado a retirarse. Hay que darle crédito a Jones por penalizar rápidamente a empleados del departamento que debían mantener la paz, pero que rompieron las reglas y crearon un caos. En el pasado, a demasiados agentes violentos –entre ellos los culpables de la muerte de reclusos– se les permitió seguir trabajando, mientras sus supervisores hacían la vista gorda.
Pero todavía hay cabos sueltos que Jones debe atar. Hasta fines de la semana pasada, el Departamento de Prisiones no había informado a la señora Dawson cuál era el estado médico de su hijo y dónde estaba hospitalizado. El informe del incidente no revela prácticamente nada. A la señora Dawson ni siquiera le informaron enseguida sobre el incidente con su hijo, sino mucho después.
Es cruel no dar esa información a familiares preocupados. Y la señora Dawson no es el primer familiar al que el Departamento de Prisiones deja en la ignorancia.
Jones dice que tiene las manos atadas por la Ley de Transportabilidad y Responsabilidad de Seguros de Salud (HIPAA) y que su principal preocupación es la seguridad. "La dinámica de las familias de los reclusos es compleja. Cuando un recluso va al hospital... lo llevamos a un ambiente inseguro", dijo Jones. En otras palabras, las familias pueden ayudar al preso a escapar, poniendo a otros en peligro. Un punto válido.
En segundo lugar, dijo, las reglas de la HIPAA establecen que esa información no se puede divulgar sin el consentimiento del paciente.
Pero la burocracia no debe imponerse a la compasión y al sentido común. Jones dice que está buscando soluciones. Debe hacerlo con la mayor rapidez posible.
Cuando agentes de prisiones, o reclusos, se ponen violentos, el departamento agrava el problema cuando no informa a los familiares.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de marzo de 2015, 0:00 p. m. with the headline "NUESTRA OPINIÓN: Más transparencia en las prisiones."