EN NUESTRA OPINIÓN: Los presidentes en su día
En las Colinas Negras de Dakota del Sur se alza una montaña impresionante: el monte Rushmore. El visitante queda maravillado al ver, tallados en la roca, los rostros de cuatro de los presidentes norteamericanos más queridos y venerados: Washington, Jefferson, Lincoln y Theodore Roosevelt.
Menos conocido es el escultor del monte Rushmore. Gutzon Borglum, hijo de inmigrantes daneses y nacido en Idaho, que estudió en la Escuela de Arte Mark Hopkins, hoy el Instituto de Arte de San Francisco.
Muchos presidentes no se han ganado su presencia en el panteón que Borglum talló en la ladera de la montaña. Algunos dicen que aún hay espacio para varios más en el monte Rushmore, pero la selección desataría una batalla partidista. Los demócratas agregarían a Franklin Roosevelt y John F. Kennedy, y los republicanos probablemente elegirían a Dwight D. Eisenhower y Ronald Reagan. ¿Pero y Harry Truman y William McKinley?
Consideremos a los que no tienen posibilidades, a los que la historia no recordará con una bondad monumental. Algunos, como Benjamin Harrison y John Tyler, tienen sus propios sitios nacionales históricos. ¿Pero y los peores? Esos solo tendrán una inclusión genérica entre todos los mandatarios en el Día de los Presidentes.
Su único logro notable es que los historiadores están de acuerdo al enjuiciarlos, nada fácil en esta actualidad de hechos alternativos y programas de realidad. Por ejemplo, muchos historiadores coinciden en que la presidencia de James Buchanan (1857-61) fue una catástrofe que dio lugar a la Guerra Civil. Pero también llevó a la presidencia de Abraham Lincoln, a quien todos colocan entre los mejores presidentes de la nación.
En los términos de otros mandatarios, como Warren G. Harding (1921-23) y Ulysses S. Grant (1873-1881), se produjeron escándalos financieros.
¿Y el presidente George W. Bush? Se ve mejor en estos días, ¿verdad? Bush no quiso discriminar a los musulmanes después del 9/11, destinó una gran ayuda a África en la lucha contra el SIDA, y ahora parece un presidente con gran capacidad de expresión. ¿Su error? Irak sigue siendo un desastre difícil de reparar.
¿Y el presidente Richard Nixon? En retrospectiva se ve bien y mal. Hizo jugadas geopolíticas magistrales y su política interior fue visionaria (propuso un plan nacional de salud y creó la Agencia de Protección Ambiental). Pero está el caso Watergate.
Otros presidentes parecen inmunes a la crítica. El carisma de Kennedy es eterno, a pesar de sus relaciones con muchas mujeres. Y el presidente Bill Clinton, a pesar del juicio político en su contra, mantiene una gran popularidad entre muchos norteamericanos.
Vale la pena recordar que incluso los grandes líderes pueden tener fallos. La historia ofrece una lección valiosa: los líderes no son necesariamente inquebrantables como el granito. Son tan humanos como nosotros, buenos y malos, con sus fortalezas y sus debilidades.
Este editorial se publicó originalmente en The Sacramento Bee.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de febrero de 2017, 1:43 a. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Los presidentes en su día."