Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: El 24 de Febrero y la lucha por la libertad de Cuba

The Miami Herald

Los cubanos recuerdan este 24 de febrero el comienzo de una gesta emancipadora, hace 122 años, cuando los patriotas se alzaron contra el gobierno español y dieron inicio a la Guerra de Independencia.

Anteriormente, en 1868, había estallado la primera guerra contra la metrópoli ibérica, un conflicto que duró 10 años y terminó con un acuerdo, el Pacto del Zanjón, que dejó a la isla en manos de la Corona.

El 24 de febrero de 1895 se reanudó la contienda por la libertad de Cuba, en la cual murió en combate el Apóstol de la independencia nacional, José Martí, el 19 de mayo de ese mismo año.

La guerra terminó en 1898 con la intervención de Estados Unidos, que puso fin a los restos del imperio colonial español. Tras poco más de tres años de ocupación norteamericana, la bandera cubana se izó por primera vez en el castillo del Morro, en la entrada de la bahía de La Habana, marcando el nacimiento de la República de Cuba.

Más de 100 años después, la nación cubana está sometida a otro tipo de despotismo, el implantado por la revolución de 1959. Fidel Castro impuso un régimen de corte comunista que provocó el éxodo de cientos de miles de cubanos y la ruina de la economía nacional, en un ambiente asfixiante de ausencia de libertades.

El restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, anunciado por el presidente Barack Obama el 17 de diciembre del 2014, y la apertura de las respectivas embajadas en Washington y La Habana, no ha traído hasta ahora el gran cambio en la isla que muchos esperaban.

Es cierto que hay más espacio para la actividad económica privada y que la oposición política ha logrado mantener su actividad pacífica, pero la represión oficial continúa y muchos opositores sufren golpizas, arrestos y amenazas. En materia de derechos humanos, el deshielo entre ambos países no ha dado lugar a resultados extraordinarios en Cuba.

Ahora bien, como indica el artículo Comienza la cuenta regresiva para la partida de Raúl Castro, de Nora Gámez Torres y Mimi Whitefield [el Nuevo Herald, 22 de febrero], es posible que el próximo 24 de febrero, por primera vez en cuatro décadas, alguien que no lleve el apellido Castro ocupe la presidencia de Cuba.

Así será si el gobernante Raúl Castro, hermano menor del difunto Fidel, cumple la promesa que formuló en el 2013 de retirarse de la jefatura del Estado en el 2018. El próximo 24 de febrero, los diputados cubanos deben elegir al próximo presidente del Consejo de Estado, un nombramiento que muchos esperan que recaiga en el vicepresidente actual, Miguel Díaz-Canel.

Pero también se conjetura que Raúl podría seguir como un poder detrás del trono, ya que no ha dicho nada sobre una eventual renuncia a su puesto al frente del Partido Comunista de Cuba.

De ahora al 24 de febrero del año próximo habrá muchas preguntas sobre el futuro de Cuba flotando en el aire. ¿Renunciará Raúl? ¿Lo sucederá Díaz-Canel? ¿Seguirá Raúl manejando los hilos del poder desde su anunciado retiro? ¿Qué papel tendrán en el gobierno los vástagos de los dos hermanos Castro?

Y también debe tenerse en cuenta un posible cambio en la relación con Cuba, ahora que hay un nuevo presidente en la Casa Blanca. ¿Mantendrá Donald Trump el deshielo iniciado por el presidente Obama? ¿O romperá los vínculos, todavía endebles? ¿Qué influencia ejercerá Washington sobre La Habana?

El futuro cercano de Cuba continúa sumido en la incertidumbre, mientras los cubanos, como en un 24 de febrero hace más de cien años, siguen ansiando una libertad que durante largas décadas les ha sido esquiva.

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