Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Un discurso con tono presidencial

El presidente Donald Trump pronuncia un discurso ante el Congreso en Washington, el martes por la noche.
El presidente Donald Trump pronuncia un discurso ante el Congreso en Washington, el martes por la noche. AP

Como en el caso de sus predecesores, el primer discurso del presidente Donald Trump al Congreso tenía algo para todos. Repitió el libreto republicano: libre comercio, reducción de impuestos, defensa nacional fuerte, seguridad nacional, opción escolar, desregulación, ley y orden.

Pero después cambió de dirección. La licencia pagada por maternidad causó sorpresa a ambos lados del pasillo. Cuidado infantil asequible. Invertir en la salud de la mujer. Aire limpio. Agua limpia. Y no se pierdan esto: “Encontrar un terreno común para adelantar el bien común”.

Y esto lo dice el hombre para el que crear divisiones fue una estrategia política exitosa.

Si el discurso de Trump indica que por fin se ha dado cuenta plenamente de que es el presidente de Estados Unidos y ya no está en campaña, entonces hay que aplaudirlo. Pero si fue un intento de tomarnos el pelo, entonces hay que observar bien lo que hace, no lo que dice.

Empezó su discurso con un reconocimiento al Mes de la Historia Negra y el trabajo que hace falta hacer, aunque no estamos seguros de cuál es ese trabajo. Su secretario de Justicia, Jeff Sessions, tiene un historial de dificultar a las minorías el acceso al voto.

Pero enseguida Trump habló, de una manera más auténtica que durante la campaña, sobre la plaga del crimen en barrios pobres de grandes ciudades, un problema que los demócratas no han sabido encarar.

Trump ofreció una visión amplia de los problemas de hoy. El Congreso determinará la profundidad de esa visión.

El Presidente dijo que iniciará un programa de inversión de $1 billón para reconstruir la infraestructura del país, renovando carreteras y puentes y creando 1 millón de empleos. También dijo que reformará el sistema de salud y el de educación.

Habló de romper los ciclos de la pobreza y la violencia. Y para la consternación de muchos presentes, anunció la creación de una agencia para atender a las víctimas de delitos cometidos por inmigrantes indocumentados. Esto no hace más que agravar la xenofobia de una parte del electorado, en un país que tantos beneficios ha recibido y sigue recibiendo de la inmigración, y no va a resolver el problema del crimen en la nación.

Al mismo tiempo, los republicanos del Congreso ya están dando marcha atrás al rechazo a la Ley de Cuidado de la Salud Asequible, más conocida como Obamacare. Los que se dignaron acudir a las reuniones con sus electores saben que a muchos de estos les gusta el programa, pese a sus defectos.

Y con todos los recortes de impuestos para las empresas y la clase media, habrá que ver de dónde sale el dinero para todas las iniciativas expuestas por el Presidente.

Trump necesita hacer amigos, unir, inspirar, no repeler. Necesita ganarse al otro lado. Y lo intentó en el discurso de la noche del martes. A diferencia de la inauguración, el tono del reciente discurso sí fue presidencial.

De todos modos, no hay que observar tanto lo que dice, sino lo que hace.

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