Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Un informe deprimente sobre Cuba

El secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, no ve mejoras en los derechos humanos en Cuba.
El secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, no ve mejoras en los derechos humanos en Cuba. Bloomberg

Un informe del Departamento de Estado, publicado el viernes pasado, indica que la pésima situación de los derechos humanos en Cuba no ha cambiado gran cosa el año pasado.

El informe, mencionado en el artículo Sin cambios en reporte de EEUU sobre derechos humanos en Cuba, de Nora Gámez Torres [el Nuevo Herald, 3 de marzo], destaca que el gobierno autoritario de Cuba arresta a activistas y opositores y limita las libertades fundamentales. Esa fue la conclusión del informe anterior del 2015.

La situación en la isla incluso puede haber empeorado. Según el informe, la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional “contó 9,940 detenciones hasta fines de año, en comparación a 8,616 en el 2015”. La cantidad de arrestos aumentó en más de mil de un año al siguiente, lo cual no es una buena noticia para los que mantienen en alto la bandera de la oposición a un gobierno obsoleto y represivo.

Para el Departamento de Estado norteamericano, las principales violaciones a los derechos humanos en Cuba son que los ciudadanos están muy limitados para elegir a su gobierno; que el gobierno usa amenazas, agresión física e intimidación contra los opositores, y que además organiza “protestas violentas... contra la oposición pacífica”.

Esta semana, el régimen cubano negó la entrada en el país al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro. El funcionario iba a recoger un premio a su labor por los derechos humanos, otorgado por la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia, organización presidida por Rosa María Payá, hija del difunto disidente cubano Oswaldo Payá.

El gobierno de Cuba tampoco dio entrada en el país a la exministra chilena Mariana Aylwin; a Felipe Calderón, ex presidente de México, y a otros políticos y activistas invitados.

Se trató de una arbitrariedad más de un gobierno al que la pasada administración de Barack Obama le tendió una rama de olivo al renovar las relaciones entre ambos países. Con el restablecimiento de los lazos diplomáticos, se abrigó la esperanza de que las cosas comenzaran a cambiar en la isla y el régimen de Raúl Castro enmendara su proceder en materia de represión y concediera más libertades a sus acosados ciudadanos. Pero aún no se ve la plena realización de esa esperanza, y evidentemente los cambios en Cuba van a tomar más tiempo del deseado.

El flamante secretario de Estado, Rex Tillerson, asegura en el informe que “la promoción de los derechos humanos y la gobernabilidad democrática es un elemento central de la política exterior de EEUU”. Esperemos que sea así y que el gobierno redoble sus esfuerzos diplomáticos por mejorar la situación política en Cuba, así como en otros países.

Tillerson también ha manifestado que la normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos no dio lugar a una concesión importante en materia de derechos humanos en la isla. Pero las negociaciones entre ambos países siguen abiertas, de manera que el presidente Donald Trump puede utilizar su innegable habilidad negociadora para lograr los cambios en Cuba que el gobierno de Obama no consiguió. De lo contrario, el informe del Departamento de Estado del año próximo podría no ser más que una copia al carbón del actual.

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