EN NUESTRA OPINIÓN: El plan de salud del GOP: una receta desastrosa
La Oficina de Presupuesto del Congreso divulgó el lunes su estimado de los costos reales de eliminar y reemplazar la Ley de Cuidado de la Salud Asequible (ACA), conocida como Obamacare: 14 millones de personas perderían la cobertura de salud solo en el 2018. Esa cifra aumentaría a 21 millones dos años después, y a 24 millones en el 2026.
Los líderes republicanos de la Cámara de Representantes, que ocultaron borradores de su mal concebido plan de sus propios colegas, lo divulgaron públicamente la semana pasada, después de casi ocho años de remover cielo y tierra en su batalla por echar a pique Obamacare y de mostrarse incapaces de ofrecer un plan mejor.
Pero el plan enfrenta el rechazo de los demócratas y también hay oposición dentro del propio Partido Republicano. Por ejemplo, la representante Ileana Ros-Lehtinen anunció que votará contra el plan de salud de su partido.
“Las consecuencias de este proyecto de ley para el sur de la Florida son claras: demasiados electores de mi distrito perderían la cobertura médica y habrá menos fondos para ofrecer servicios médicos a los pobres y los ancianos”, dijo Ros-Lehtinen.
Entretanto, los legisladores demócratas de la Florida se oponen unánimemente al plan.
El proyecto republicano, en demasiados sentidos, es la broma más cruel que se puede hacer a millones de personas. Perjudica a personas de bajos ingresos, de la clase trabajadora, a los discapacitados y a los enfermos mentales, y a los más viejos, algunos de los cuales votaron precisamente por los republicanos. Ahora esas personas están asustadas. Y deben estarlo, porque van a sufrir el embate de los recortes en la cobertura de salud.
La propuesta tiene a los pobres en la mira: mientras ACA extendió la cobertura del Medicaid a 11 millones de norteamericanos más, la Ley Americana de Cuidado de la Salud de los republicanos eliminaría la expansión en el 2020. A los que se hayan inscrito antes de esa fecha se les permitiría quedarse, pero muchos perderían la cobertura gradualmente si dejan el programa por diversas razones, por ejemplo, si sus ingresos aumentan. Pero si los ingresos vuelven a bajar, esas personas no podrían volver a solicitar el Medicaid.
El plan del GOP impondría un límite por persona a la cantidad de fondos federales que se gastan en cobertura. Los estados tendrán que poner la diferencia, si es que la ponen.
Otras perlas de la propuesta republicana: los norteamericanos en planes de salud administrados por el gobierno verían una reducción considerable de los subsidios para comprar esos planes; las aseguradoras podrían cobrar a los norteamericanos de más edad hasta cinco veces más que a los más jóvenes; y los más adinerados y los negocios, cuyos impuestos son esenciales para mantener Obamacare a flote, recibirán $600,000 millones en reducciones tributarias en una década.
Los periodistas Lesley Clark y Tony Pugh, de la corresponsalía de McClatchy en Washington, informaron en enero que los representantes Ileana Ros-Lehtinen, Carlos Curbelo, Frederica Wilson (una demócrata que se opone a reemplazar Obamacare) y Mario Diaz-Balart tienen en sus distritos a más de 366,000 participantes de Obamacare. Si se agregan los inscritos en los distritos de los representantes Debbie Wasserman Schultz y Alcee Hastings, esta comunidad se sitúa entre las de más participación a nivel nacional.
Por eso la congresista Ros-Lehtinen hizo bien al apartarse de la línea partidista para proteger el acceso de la gente al cuidado de la salud. Sus colegas republicanos del Sur de la Florida deben seguir su ejemplo.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de marzo de 2017, 2:29 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: El plan de salud del GOP: una receta desastrosa."