EN NUESTRA OPINIÓN: La muerte de un recluso, ¿accidente o crimen?
Nadie será acusado por la muerte de Darren Rainey, el recluso con problemas mentales en la Institución Penitenciaria de Dade a quien pusieron bajo una ducha de agua hirviendo por dos horas, y a quien hallaron muerto, atrapado en ese espacio pequeño.
Según se desprende de las declaraciones de las autoridades, fue un accidente. No hubo intención de cometer un crimen, ni alevosía.
La fiscalía estatal de Miami-Dade dice que no encontró suficientes pruebas creíbles para acusar a alguien, ni siquiera a los funcionarios de prisiones que podían controlar la temperatura del agua en la ducha.
Esta conclusión insatisfactoria también implica la exoneración de cualquier posible culpable de la muerte de Rainey.
Rainey murió en el 2012. Era un esquizofrénico con graves problemas de conducta, y tenía su celda muy sucia. Lo obligaron a caminar y lo encerraron en esa ducha, que según varios reclusos se usaba para castigar a los que tenían mal comportamiento. Varios supervisores dijeron que no tenían conocimiento de eso.
El cruel y sospechoso carácter de la muerte de Rainey fue agravado por la policía de Miami-Dade. El departamento trató el caso como una muerte inexplicada en prisión, y lo descartó hasta dos años después, cuando Julie Brown, periodista del Herald, escribió sobre el maltrato contra Rainey y otros abusos en prisiones estatales. Entonces, y solo entonces, se inició una investigación policial en serio.
Lo cual da pie a una pregunta: ¿pudieron haber encontrado a testigos más creíbles y mejores pruebas para darle a la fiscal estatal Katherine Fernández Rundle? Es cierto que este departamento de policía metropolitano está abrumado de trabajo. Sin embargo, queda la percepción de que los agentes de la ley no fueron en contra de otros agentes. Además, Rainey era un delincuente, encarcelado por posesión de cocaína. ¿No valía la pena investigar su muerte?
Las declaraciones de Harold Hempstead, sentenciado por ladrón, se consideraron no creíbles. Desde que divulgó acusaciones de abusos en la prisión, por alguna extraña razón se ha convertido en un recluso itinerante. El viernes, antes del anuncio de Rundle de que no ocurrió ningún crimen, se lo llevaron de nuevo, esta vez a una prisión en Tennessee. El traslado fue abrupto, hecho quizá por su propia seguridad, o para castigarlo. Estaba preso en la prisión de Hardee, en Bowling Green, cerca de Tampa. Ahora está lejos de su familia, que hasta el lunes no fue informada del traslado. Desde que informó sobre el caso de Rainey, lo han trasladado a cinco prisiones. ¿Qué está pasando?
Todo esto lleva a otra pregunta: ¿Dónde está la protesta? Un hombre muere a manos de servidores públicos —varios de los cuales pasaron a puestos muy buenos en agencias del orden— y todo el mundo, desde el forense hasta la fiscalía estatal, quieren hacernos creer que se trató de un accidente. Por lo menos, Rundle pudo haber salido al paso de abusos bien documentados en las prisiones, aparte del caso de Rainey, y decir que eran inaceptables.
Desde luego, los fiscales no pueden llevar adelante un caso basado en evidencias débiles. Y nadie debe ser acusado injustamente. Pero alguien tiene que rendir cuentas en un caso que a todo el mundo le parece un asesinato.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de marzo de 2017, 3:39 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: La muerte de un recluso, ¿accidente o crimen?."