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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: La tasa de delitos como arma política

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El Departamento de Justicia declaró recientemente que uno de los departamentos de policía más visibles e importantes del país ha sido “suave frente al delito” y añadió que es responsable de la violencia de las pandillas.

No hay mejor ejemplo para explicar por qué la vieja tradición bipartidista de usar el delito violento para fines políticos debe terminar, sobre todo en momentos en que el país tiene una tasa de delitos históricamente baja, y solo un puñado de ciudades ha visto un alza reciente en el índice delictivo. Esa retórica engañosa no carece de consecuencias.

“La ciudad de Nueva York sigue viendo asesinatos cometidos por pandillas uno tras otro, la consecuencia predecible de la postura ‘suave frente al crimen” de la ciudad”, dijo el Departamento de Justicia en una declaración dirigida a nueve ciudades santuario, a las cuales ha amenazado con retirar fondos federales. Decir que Nueva York es una ciudad sin ley es un intento de avergonzar a los funcionarios para que acaten el controversial mandato del gobierno de Trump de perseguir a la inmigración ilegal. Es una treta política.

Es una afirmación insólita al referirse a una ciudad que ha experimentado su trimestre con menos delitos de la historia, que ha visto una continua disminución de su tasa de asesinatos y delitos violentos, y donde los tribunales descontinuaron una agresiva y discriminatoria norma policial de detener y registrar a las personas. También es la zona cero de la defensa nacional contra el terrorismo, y ha visto casos sonados de brutalidad policial. Si el Departamento de Policía de Nueva York es suave frente al crimen, entonces no sabemos lo que sería ser duro frente al crimen.

En general, el índice nacional de asesinatos se redujo casi a la mitad entre 1991 y el 2016, con un alza en el 2016, según el Brennan Center for Justice de la Escuela de Derecho de la Universidad de Nueva York. El índice de delitos ha bajado por 14 años consecutivos. Estamos viviendo en uno de los períodos más seguros de la historia de nuestro país.

Casi la mitad de la reciente alza en los delitos se ha concentrado en ciudades grandes, como Chicago, Baltimore y Houston. El aumento no es un problema nacional. No es un regreso a épocas turbulentas. Y las ciudades santuario tienen índices de delitos más bajos que los de ciudades comparables. Además, la inmigración ilegal ha estado disminuyendo casi por una década.

Prevenir y combatir eficazmente el delito violento requiere un delicado equilibrio, que reconozca la gravedad del tema y que a la vez evite la reacción exagerada. La retórica irresponsable que resta importancia al crimen porque es un tema sensible –debido a la raza o a otros factores– pone en peligro a los que ya tienen más probabilidades de convertirse en víctimas. Pero crear temor conduce a leyes, normas y tácticas de aplicación de la ley que destruyen familias y dañan y envían a la cárcel a personas inocentes. Hemos pasado años tratando de resolver el daño causado por leyes inapropiadas que tenían el objetivo de reducir la epidemia de drogas en la década de 1990.

El delito violento existe desde el principio de la historia. Incluso durante los períodos de más seguridad, es uno de los problemas más graves que afrontamos. No hay soluciones fáciles. Pero la tarea se hace más difícil cada vez que nuestros líderes usan el crimen para anotarse puntos políticos baratos.

Este editorial se publicó originalmente en The Charlotte Observer.

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de abril de 2017, 6:57 a. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: La tasa de delitos como arma política."

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