EN NUESTRA OPINIÓN: Nubes negras en esta temporada ciclónica
La temporada de huracanes de 2017 ha comenzado como siempre, con la incertidumbre de dónde, cuándo y si una tormenta fuerte nos podría golpear.
Pero este año hay otras interrogantes. La respuesta que se les dé será una indicación de si hemos aprendido algo desde que el huracán Andrew azotó a esta comunidad, hace 25 años. El 24 de agosto de 1992, Andrew llegó al sur de Miami-Dade con tal fuerza que nos cambió para siempre.
Irónicamente, la temporada de huracanes de este año comenzó el mismo día en que el presidente Trump sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París, una decisión errónea que pone a este país, y al Sur de la Florida en particular, en grave peligro de sufrir el embate de la subida del nivel del mar y la contaminación.
Los científicos advierten que el aumento de la temperatura oceánica causará huracanes más frecuentes e intensos. Esos huracanes podrían batir a ciudades costeras de la Florida que no están preparadas para los efectos del cambio climático.
Afortunadamente, el Sur de la Florida, en muchas formas, ha tomado la iniciativa para resolver este problema. El secretario de las cortes del condado Miami-Dade, Harvey Ruvin, y la comisionada Rebeca Sosa dieron un paso al frente en los últimos años para asegurar que la región puede resistir lo que viene. Y aunque el alcalde Carlos Giménez no ha dicho una palabra sobre la decisión de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París, él también ha sido un partidario de tomar medidas.
Ellos y otros saben que si no nos preparamos, para un huracán a corto plazo, y para el cambio climático a largo plazo, las inundaciones podrían causar una penetración de agua salada en los Everglades, lo cual podría arruinar el complejo ecosistema del Río de Hierba.
Lamentablemente, lo mismo no se puede decir del gobernador de la Florida, Rick Scott, ni del presidente al que apoya.
El presupuesto de Trump apunta a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), que da ayuda en desastres, y a la Administración Nacional Océanica y Atmosférica (NOAA), que, entre sus numerosas responsabilidades, realiza estudios sobre los huracanes. Trump aún no ha nombrado a nadie para dirigir esas agencias. El presupuesto del Centro Nacional de Huracanes se reduciría de $514 millones a $400 millones; FEMA perdería $667 millones. Esos fondos se destinarían al presupuesto del erróneo muro en la frontera.
Pero en el presupuesto de Trump, la palabra clave es “propuesto”. Es imperativo que todos los legisladores de la Florida en el Congreso, junto con los de aquellos estados que sufren el azote de tornados, incendios forestales e inundaciones fluviales, se pongan firmes y digan no al presupuesto.
Entre los preocupados por el impacto a nuestra región está la congresista por el Sur de la Florida Debbie Wasserman Schultz.
La congresista dijo que el Presidente, “al negarse a combatir el cambio climático, y reducir los recursos necesarios para enfrentar sus efectos, está dando un golpe devastador a los residentes del Sur de la Florida”.
Tiene razón.
Lamentablemente, nuestro gobernador parece menos preocupado. No obstante, Scott dijo que el estado está proponiendo destinar $200 millones para acelerar la reparación de los viejos diques alrededor del lago Okeechobee, una tarea a cargo del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos. Los diques podrían dañarse si un huracán poderoso llega a la zona. Muchos legisladores de la Florida se oponen a la entrega de esos fondos. Están equivocados: necesitamos más protección ante la amenaza del cambio climático.
Y todo esto ocurre mientras la NOAA predice para la temporada de huracanes de este año una cantidad de tormentas por encima del promedio.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de junio de 2017, 7:22 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Nubes negras en esta temporada ciclónica."