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Editorial

¿El siglo americano o el siglo chino?

El presidente de China, Xi Jinping (izq.), se reúne con el presidente de EEUU, Donald Trump, en la mansión de Trump en Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida, el pasado 6 de abril.
El presidente de China, Xi Jinping (izq.), se reúne con el presidente de EEUU, Donald Trump, en la mansión de Trump en Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida, el pasado 6 de abril. AP

En febrero de 1941, Henry R. Luce, director y editor de las revistas Time y Life, escribió un polémico editorial en la revista Life. Comenzaba lamentando lo que veía como un pesimismo norteamericano: “Cuando miramos al resto del mundo, estamos confundidos; no sabemos qué hacer”, escribió Luce. “Cuando miramos al futuro —nuestro futuro y el de otras naciones— estamos llenos de presentimientos”.

Luce exhortó al presidente Franklin D. Roosevelt y a todos los norteamericanos a superar ese pesimismo, a vencer sus impulsos aislacionistas y a entrar en la Segunda Guerra Mundial y rescatar a Europa del asedio nazi. Luce alegó que Estados Unidos debía “aceptar con determinación nuestro deber y nuestra oportunidad como la nación más poderosa y vital del mundo y en consecuencia ejercer sobre el mundo todo el impacto de nuestra influencia”. Diez meses más tarde, después del ataque japonés a Pearl Harbor, Estados Unidos entró en la contienda. Menos de cuatro años después, llevó a las naciones aliadas a la victoria y consolidó un orden mundial dominado por Estados Unidos.

El título profético del editorial de Luce fue “El siglo americano”.

No hay razón para creer que el siglo XXI no puede ser un mejor siglo americano. Pero el pesimismo que el presidente Trump siente cuando observa el resto del mundo —y que se evidencia en sus constantes afirmaciones de que Estados Unidos es una víctima perpetua de otros países— podría verse algún día como la clave de la entrada en el siglo chino. Su decisión de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París contra el cambio climático, su hostilidad hacia la OTAN y su desprecio hacia pactos comerciales como el Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica y el Acuerdo Trans-Pacífico permiten ver un mundo en el que Pekín reemplaza a Washington como el centro del poder mundial.

Es muy posible que esta también sea la esperanza del presidente de China, Xi Jinping. Por eso es que Pekín asombra constantemente al resto del mundo con ayuda exterior, diplomacia, incentivos comerciales, programas culturales y educacionales, y más. En su libro de 2007 “La ofensiva seductora; cómo el poder blando de China está transformando al mundo”, Joshua Kurlantzick, investigador del Consejo de Relaciones Exteriores, vio un futuro en el que China se convierte en la única nación aparte de la Unión Soviética en rivalizar con Estados Unidos en influencia internacional.

Esta ofensiva seductora continuó en la cumbre de la Unión Europea y China en Bruselas. Los emisarios de Pekín subrayaron su compromiso con el Acuerdo de París y su creencia en el valor de los pactos multilaterales, y la confianza que otros países podrían tener en un comportamiento predecible de China. Este último argumento se hizo de una manera muy calculada. En la era de Trump, es difícil tener esa confianza en Estados Unidos.

La nación más poderosa y vital del mundo no quiere dirigir, creando un vacío que China se está preparando para llenar.

Este editorial se publicó originalmente en el San Diego Union-Tribune.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de junio de 2017, 5:48 a. m. with the headline "¿El siglo americano o el siglo chino?."

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