EN NUESTRA OPINIÓN: Sombras de duda en la pesquisa sobre Rusia
James Comey no dio marcha atrás ante la bravata del Presidente. Jeff Sessions sí. Pensamos que Robert Mueller, al igual que Comey, tampoco morderá el anzuelo. Y así debe ser.
En una entrevista con Fox News transmitida la semana pasada, el presidente Trump no se pudo felicitar por sus esfuerzos por desconcertar a Comey, el director del FBI a quien el Presidente despidió cuando Comey se negó cortésmente a abandonar la investigación de los vínculos del ex consejero de seguridad nacional Michael Flynn con Rusia.
Antes de que Comey testificara ante el Comité de Inteligencia del Senado el 8 de junio, el Presidente indicó que podría tener grabaciones de conversaciones entre los dos a puerta cerrada. La semana pasada, Trump dijo en Twitter que no había hecho ni tenía esas grabaciones, y después atacó al presidente Obama, culpando a su administración de espionaje.
Trump dijo que la amenaza de tener grabaciones obligó a Comey a decir la verdad bajo juramento de que el Presidente no estaba siendo investigado, una afirmación que sabiamente se negó a hacer públicamente cuando era director del FBI.
Pero Trump no entiende que cuando Comey dijo bajo juramento: “¡Espero que haya grabaciones!”, le quitó peso a la amenaza. Después de todo, Comey también explicó que anotaba todo lo que salía de esas reuniones. Obviamente, quería tenerlo todo bien documentado, por si acaso.
Por otra parte, el secretario de Justicia, Sessions, se manifestó más a favor del Presidente cuando declaró ante el comité senatorial, posiblemente porque Trump indicó claramente que le molestó que Sessions se recusara de cualquier participación en la pesquisa de la trama rusa debido a sus propios vínculos cuestionables. Sessions incluso ofreció su renuncia. Quedó como un buen soldado.
Ahora, el Presidente se está esforzando por arrojar una sombra de duda sobre otro ex director del FBI, Robert Mueller. Dijo la semana pasada que el asesor especial que está dirigiendo la investigación de Flynn tiene una amistad “muy incómoda” con Comey. Ambos fueron jefes del FBI, así que por lo menos se conocen. Pero Trump insinúa que Mueller está prejuiciado.
Desde luego, es una preocupación que expresaría cualquiera que esté siendo examinado. Pero tendría mucha más legitimidad si Trump no estuviera luchando a brazo partido para descarrilar cualquier investigación de la injerencia rusa. Su historia en ese sentido es mucho más incómoda que la de Mueller, un republicano nombrado por el presidente George W. Bush, que dejó su cargo al concluir los años que le tocaban, en el segundo término de Obama en la Casa Blanca.
Lo que Trump está haciendo podría verse como un intento de intimidar a testigos; quizá de obstruir la labor de la justicia, una acusación que Trump niega desesperadamente. Pero sus intentos de distraer la atención de la investigación de la trama rusa crean más dudas sobre sus protestas y no aclaran nada.
El Presidente debe tomar su trabajo y su posición con la misma seriedad que los encargados de garantizar que las bases de esta democracia no se erosionen más. No estamos todavía al borde de una crisis constitucional. Pero las nubes que presagian esa crisis están más cerca de lo que han estado en décadas.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de junio de 2017, 6:03 a. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Sombras de duda en la pesquisa sobre Rusia."