Editorial

Noticias desde Washington

El Congreso empieza esta semana una sesión abreviada tras el receso de agosto, así que empecemos con la buena noticia, ya que hay tan pocas buenas noticias del Capitolio en estos días: la amenaza de otro cierre del gobierno, por suerte, parece estar fuera por ahora.

Algunos republicanos habían hablado de un posible cierre al final del año fiscal, el 30 de septiembre. En su mayor parte, tenía que ver con la postura del Presidente ante la inmigración y el uso de su autoridad ejecutiva para detener las deportaciones. Los republicanos también estaban tan furiosos, dijeron algunos, que responderían negándose a dar fondos al gobierno.

Pero el presidente de la Cámara, John Boehner, desechó esa idea, diciendo que la Cámara considerará este mes una medida que mantiene funcionando al gobierno federal hasta principios de diciembre. No, los miembros no aprobarán un presupuesto por todo el año fiscal, como hacían los legisladores responsables —sería demasiado pedir a este Congreso— pero en este momento un público cansado de los dramas del Congreso probablemente aceptará este enfoque.

Y, por cierto, la amenaza que este verano hicieron algunos miembros de impugnar al Presidente tampoco está ocurriendo. “No tenemos planes de impugnar al Presidente”, Boehner admitió el mes pasado. El presidente de la Cámara y los miembros de su junta casi parecían la voz de la razón.

En realidad, la medida para dar fondos para el año fiscal 2015 es la única medida que se debe aprobar que encara el Congreso en los relativamente pocos días en que se reunirán antes del receso antes de la elección (tras el cual viene el receso de fin de año después de una sesión probablemente inútil). Pero eso no significa que no puedan hacer nada útil si superan su habitual estancamiento.

Lo más importante para una región que prospera con el comercio internacional, es la reautorización de la agencia que costea las importaciones y las exportaciones. Los préstamos y las garantías de préstamos hechas por el Export-Import Bank a clientes extranjeros de exportadores norteamericanos son vitales para la economía nacional, especialmente para centros internacionales como Miami y el Sur de la Florida.

Los críticos lo llaman ayuda a las corporaciones, pero las cifras bancarias muestran que el 90 por ciento de sus transacciones benefician a pequeñas empresas. La agencia respaldó $7,000 millones de exportaciones en la Florida en el año fiscal 2013, incluidos $1,500 millones en el Sur de la Florida. Y el banco gana dinero para los contribuyentes: el año pasado, redujo el déficit en $1,000 millones por los cargos y el interés que recibió.

No hay que romperse la cabeza. Si el Congreso quiere jugar con las reglas y las normativas de la agencia, pueden debatir cambios, pero eliminar el banco sería un error legislativo y una bofetada a la gente del Sur de la Florida.

Entre las otras está un incremento del salario mínimo federal a $10.10 la hora. El líder de la mayoría republicana de la Cámara, Kevin McCarthy, entretanto, ha dicho que su junta buscará la aprobación del oleoducto Keystone XL, entre otros proyectos. Sus partidarios dicen que impulsaría la economía y aumentaría la independencia energética.

Pero ni el salario mínimo ni el oleoducto parecen tener posibilidades. Hace tiempo, estos eran los temas que republicanos y demócratas podían negociar. Pero en el cargado ambiente partidista de hoy, llegar a un acuerdo para que el gobierno siga funcionando parece una gran victoria.

  Comentarios