EN NUESTRA OPINIÓN: Trump ante la crisis norcoreana
El gobierno de Donald Trump en realidad estaba avanzando en un asunto de seguridad nacional que ha atormentado a presidentes en la historia reciente: el afán de Corea del Norte por tener armas y misiles nucleares.
Nikki Haley, la embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, presentó las sanciones económicas más severas contra el régimen de Kim Jong Un el sábado pasado, con el apoyo de China y Rusia. El secretario de Estado, Rex Tillerson, que ha estado organizando una coalición de “presión pacífica” durante varias semanas, inició una gira diplomática por Asia el domingo.
Entonces el presidente Trump profirió unas palabras temerarias, amenazando con desatar una lluvia de “fuego y furia como el mundo nunca ha visto” contra Corea del Norte.
Importantes asesores trataban el miércoles de aclarar cuál es nuestra verdadera política, tras el intempestivo comentario de Trump, que se produjo horas después de difundirse la noticia de que Corea del Norte había producido una cabeza nuclear miniaturizada, posiblemente para colocarla en un misil balístico intercontinental que podría alcanzar California y el resto de la Costa Oeste, aunque si Trump hubiera estado escuchando los informes de inteligencia ya sabría ese detalle.
Al agravar innecesariamente el conflicto, el comandante en jefe ha empeorado la crisis de política exterior más seria de su joven presidencia. Ese es un problema.
El otro es que Trump no tiene la confianza del pueblo norteamericano para tomar, si hiciera falta, decisiones de vida o muerte. Su credibilidad está en un nivel muy bajo. Solo el 24 por ciento de los norteamericanos dicen que confían en él o en lo que sale de la Casa Blanca. En otra encuesta realizada esta semana, solamente el 35 por ciento expresa confianza en Trump para manejar el problema norcoreano.
De manera que si tuviera que emprender acciones militares, a Trump le será mucho más difícil convencer al público y al Congreso. Y si los líderes de nuestros aliados no confían en lo que Trump dice, eso solo puede empeorar las cosas.
Demócratas y republicanos criticaron la frase de Trump, mientras sus defensores alegaron que sus fuertes palabras tenían el propósito de disuadir a Corea del Norte y presionar a China para que haga más. Esperamos que sus defensores estén en lo cierto. Pero cuando el problema gira en torno a armas nucleares y alguien tan inestable como el mandatario norcoreano, un mal cálculo puede costar decenas de miles de vidas.
Con una retórica belicosa, Trump trazó una “línea roja” frente a más amenazas. El Presidente corre el peligro de privarse él mismo de cualquier alternativa que no sea la de acudir a la fuerza.
Pero hay muchas opciones diplomáticas antes de considerar una acción militar, mucho menos un ataque nuclear preventivo. Aun sin una guerra declarada, cualquier operación militar pondría en peligro la vida de decenas de miles de civiles: Seúl, una ciudad de 10 millones de habitantes, está dentro del rango de la artillería norcoreana. También hay 23,500 militares norteamericanos en Corea del Sur, más 39,000 en Japón y 6,000 en Guam, que Corea del Norte ha amenazado con atacar en respuesta a Trump.
Los norteamericanos y nuestros aliados podemos esperar que los generales que rodean a Trump lo calmen. Trump debe dejar que los generales y los diplomáticos hagan su trabajo. Es esencial que su gobierno hable con una sola voz sobre Corea del Norte, sin que el Presidente salte de improviso por algo que vio en la televisión.
Este editorial se publicó originalmente en The Sacramento Bee.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de agosto de 2017, 3:43 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Trump ante la crisis norcoreana."