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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: El gobierno debe limitar el uso de aviones privados

El secretario del Interior, Ryan Zinke, usó un vuelo fletado en junio que costó más de $12,000.
El secretario del Interior, Ryan Zinke, usó un vuelo fletado en junio que costó más de $12,000. Getty Images

Ahora que el ex secretario de Salud y Servicios Humanos Tom Price está fuera del gobierno por volar por la nación en aviones privados, a un costo exorbitante para los contribuyentes, otros miembros de la administración de Trump están al parecer compitiendo entre sí a ver quién vuela con más gastos.

Entre los principales competidores está el secretario del Interior, Ryan Zinke, que parece haber aprendido de Price a desdeñar a los que pagan su salario. A Zinke le pareció una bicoca un vuelo fletado desde Las Vegas, donde habló a favor de un donante político, hasta su estado de Montana, en junio, a un costo de $12,375.

Para empezar, Zinke debería devolverle al gobierno los $12,375, lo cual no debería afectarlo ya que considera esa suma una bicoca.

No todo el mundo se sentiría cómodo metiendo la mano en los bolsillos del Tío Sam, pero a Zinke no parece importarle gran cosa. Cuando era un Navy SEAL, a fines de la década de 1990, tuvo que reembolsar al gobierno después de facturarle gastos de viaje impropiamente, un incidente que bloqueó temporalmente su promoción en aquel momento. Afirmó que había aprendido la lección, y ahora dice que “los contribuyentes tienen todo el derecho de conocer los costos de los viajes oficiales”. Sus acciones contradicen sus palabras.

En comparación con otros miembros del gabinete de Trump, el gasto de Zinke no es muy excepcional. El secretario de Energía, Rick Perry; el secretario de Asuntos de Veteranos, David Shulkin, y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, están entre los siete –por lo menos– funcionarios del gabinete que han eludido mezclarse con el público en aviones comerciales para volar en jets privados y aeronaves militares, pasando a los contribuyentes una cuenta total de millones de dólares.

Mnuchin tomó un avión del gobierno para volar este verano a Fort Knox, en Kentucky, donde vio el eclipse solar, y trató de tomar uno a París para su luna de miel, a un costo de miles de dólares. Pero su solicitud fue denegada.

El presidente Trump ha fruncido el ceño ante ese derroche, lo cual llevó al director de presupuesto, Mick Mulvaney, a declarar que en lo adelante todos los viajes en aeronaves propiedad del gobierno, o alquiladas o fletadas por el gobierno, deberán contar con la aprobación previa del jefe de despacho de la Casa Blanca, John F. Kelly, salvo contadas excepciones.

“Solo porque algo sea legal no significa que es correcto”, escribió Mulvaney. Bien dicho. Pero también valdría la pena hacer más estricto el lenguaje de las regulaciones gubernamentales para aclarar que los vuelos comerciales, excepto en circunstancias extraordinarias, son adecuados para los mortales que ocupan puestos en el gobierno.

En la regulación de los viajes federales, ese principio no se puede perder.

Este editorial se publicó originalmente en The Washington Post.

Esta historia fue publicada originalmente el 12 de octubre de 2017, 5:41 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: El gobierno debe limitar el uso de aviones privados."

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