EN NUESTRA OPINIÓN: El triste legado de la Cumbre
La recién finalizada Cumbre de las Américas en Panamá pasará a la historia como el momento en que Cuba (léase la dictadura cubana) regresó al foro hemisférico, después de más de medio siglo de ausencia.
Por lo demás, fue una cumbre sin mayor trascendencia, un encuentro para que los líderes del continente se dieran la mano, intercambiaran sonrisas y se tomaran fotos, y no mucho más.
Pero la aceptación del régimen de La Habana en un foro que durante muchos años solo han compartido democracias, marca un nuevo capítulo en el acontecer político del hemisferio.
El presidente Barack Obama anunció el pasado 17 de diciembre el plan de normalizar las relaciones con Cuba, tras cinco décadas de desencuentro y hostilidad. Su argumento: que la fórmula de distanciamiento y oposición –embargo comercial incluido– no había dado frutos y que era hora de cambiar de estrategia. El gobernante cubano Raúl Castro aceptó la rama de olivo, pero aclarando que no habría cambios en el sistema político de la isla. Fue explícito en la Cumbre de Panamá: “En algunas cosas podemos ceder; en otras, no”.
No aclaró cuáles serían esas cosas en las que no cederá, pero se pueden predecir con la certeza de no errar: mantener la ausencia de las libertades políticas y el control estatal de la actividad económica, con un espacio para la iniciativa privada, pero con rigurosas limitaciones, y conservar en la isla el dominio del sistema de partido único, es decir, la hegemonía del Partido Comunista.
Resulta difícil entender cómo en un foro que proclama la adhesión a la democracia y el respeto a los derechos humanos, se aceptó el regreso de una dictadura que niega precisamente esos principios. Es cierto que el presidente Obama dio el primer paso al tender la mano al régimen de La Habana, pero el deseo de muchos jefes de Estado latinoamericanos de que Cuba se pudiera sentar a la misma mesa se había expresado desde mucho antes que el mandatario norteamericano hiciera su histórico anuncio.
En esta recién finalizada Cumbre, la solidaridad por la pertenencia a una región geográfica –Latinoamérica en este caso– se impuso a la solidaridad por el mantenimiento de un sistema político. La solidaridad latinoamericana se impuso a la solidaridad democrática. Ese es el legado de la Cumbre de Panamá.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de abril de 2015, 2:30 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: El triste legado de la Cumbre."