EN NUESTRA OPINIÓN: Occidente debe apoyar las protestas en Irán
Varios días de protestas en ciudades iraníes han destacado la debilidad fundamental de un régimen que Washington ha calificado a veces de potencia regional. A pesar del levantamiento de la mayoría de las sanciones económicas de Occidente después del 2015, la república islámica no ha sido capaz de satisfacer las expectativas de los iraníes, que ven cómo los clérigos que les niegan libertades básicas malgastan los recursos nacionales en la corrupción y en aventuras militares en el extranjero. Las protestas que comenzaron en una ciudad por la subida en el precio de los alimentos se han convertido rápidamente en un alzamiento nacional contra el líder supremo Ali Khamenei.
La demanda popular de cambio es justa y merece el apoyo internacional. El presidente Trump ha hecho bien al comunicar en Twitter su respaldo a los manifestantes; los líderes europeos, que han sido mucho más cautelosos, deben expresar su opinión. Al mismo tiempo, es importante recordar las lecciones de la historia, que sugieren que hay pocas probabilidades de que las protestas desaten una revolución. El régimen de Khamenei ha aplastado despiadadamente anteriores movimientos de oposición, el último en el 2009, y cuenta con abundantes recursos represivos.
La nueva agitación difiere considerablemente de la del 2009, y las diferencias probablemente favorezcan al régimen. La protesta no tiene líderes ni una agenda definida; el “Movimiento Verde” surgió de protestas tras una elección presidencial que unió a las fuerzas liberales. Las manifestaciones actuales comenzaron en la ciudad provincial de Mashhad y es posible que inicialmente fueran alentadas por fuerzas conservadoras opuestas al gobierno del presidente Hassan Rouhani. Aunque se han extendido a docenas de pueblos y ciudades pequeñas, Teherán, el centro del movimiento del 2009, parece menos galvanizado.
Este movimiento también parece más violento. Las autoridades y observadores independientes han reportado ataques contra instalaciones gubernamentales y hasta bases militares en algunas ciudades. Eso podría dar al régimen un pretexto para lanzar una represión sangrienta, usando a la Guardia Revolucionaria o a las milicias chiitas que ha utilizado en guerras en Irak y Siria.
Hasta ahora los guardias parecen esperar mientras Rouhani, un moderado relativo en el complejo sistema político iraní, ofrece mensajes conciliatorios. El domingo reconoció que los manifestantes tenían quejas legítimas y nominalmente aceptó su derecho a protestar. El miércoles, el gobierno trató de contrarrestar las protestas organizando manifestaciones a favor del régimen en todo el país. La administración de Trump y otros gobiernos occidentales deben tratar que mantenga esa opinión, mediante la diplomacia y la amenaza de sanciones si hubiera más derramamiento de sangre. Los líderes occidentales también deben hacer todo lo posible por apoyar las protestas pacíficas, incluso buscar formas en que los iraníes puedan comunicarse entre sí mientras el régimen restringe la Internet.
Al mismo tiempo, Trump debe evitar acciones que perjudiquen las protestas y beneficien a la línea dura del régimen iraní. No debe renunciar al acuerdo nuclear del 2015, porque dividiría a Estados Unidos de los gobiernos europeos, en vez de coordinar su respuesta al levantamiento, y daría al régimen el pretexto de una amenaza externa para movilizar a la población.
La reforma del acuerdo nuclear puede esperar. Ahora Trump debe concentrarse en apoyar al pueblo iraní.
Este editorial apareció originalmente en The Washington Post.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de enero de 2018, 5:49 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Occidente debe apoyar las protestas en Irán."