Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Farsa electoral en Venezuela

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, adelantó las elecciones para el mes de abril.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, adelantó las elecciones para el mes de abril. AP

El mandatario venezolano Nicolás Maduro anunció esta semana que las elecciones presidenciales se adelantarán y tendrán lugar en abril. La ilegítima Asamblea Nacional Constituyente –un títere de Maduro que suplanta a la Asamblea Nacional, de mayoría opositora– aprobó inmediatamente la decisión de adelantar los comicios.

Se trata de una nueva maniobra de Maduro para seguir atrincherado en el poder tomando por sorpresa a la oposición. El dirigente chavista sabe que su régimen ha perdido cualquier resto de prestigio. Es incapaz de resolver la profunda crisis económica que devasta al país; la corrupción tiene la magnitud de una epidemia, y la represión es brutal.

El último episodio represivo en una larga serie de atrocidades fue la masacre del Junquito, en la que el policía rebelde Óscar Pérez murió en un ataque demoledor de las autoridades contra la vivienda en la que se refugiaba el insurgente junto a seis compañeros.

Pérez, que el año pasado protagonizó un espectacular ataque contra el Tribunal Supremo –en el que no hubo víctimas– como protesta contra el gobierno, trató de entregarse a las autoridades el pasado 15 de enero, al verse cercado en el barrio del Junquito, en las afueras de Caracas. Pero la orden, evidentemente, era matarlo en el lugar. La matanza demostró hasta qué punto está dispuesto a llegar el régimen de Maduro con tal de mantenerse en el poder.

La muerte de Pérez y sus compañeros levantó una ola de protestas en Venezuela y en el extranjero.

El anuncio del adelanto de las elecciones presidenciales también fue recibido con gestos de rechazo en todas partes.

Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), dijo el martes pasado que la convocatoria a los comicios era una “farsa”.

Los 14 países que integran el Grupo de Lima, en una reunión que tuvo lugar el mismo día en Santiago de Chile, dijeron que el adelanto del sufragio “imposibilita la realización de elecciones presidenciales democráticas, transparentes y creíbles”.

El gobierno de Estados Unidos también manifestó su inconformidad con la realización anticipada de las elecciones. “Apoyamos un sistema de elecciones real, completo y justo y no a la ilegítima Asamblea Constituyente”, dijo Heather Nauert, portavoz del Departamento de Estado norteamericano.

El problema es que ante el evidente fracaso de las negociaciones políticas que llevaban a cabo el gobierno de Maduro y la oposición en la República Dominicana, el chavismo toma la iniciativa y realiza una maniobra sorpresiva que deja desconcertados a los opositores y sin tiempo para presentar una propuesta sólida en los comicios adelantados. La oposición ni siquiera tiene candidato todavía, mientras el partido de gobierno, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), lleva como único aspirante al actual jefe de Estado, Maduro.

La decisión de adelantar el sufragio se produjo a raíz del anuncio de la Unión Europea de aplicar sanciones contra siete altos funcionarios del gobierno venezolano como castigo por la represión. El dirigente chavista Diosdado Cabello dijo a manera de respuesta: “Si el mundo nos aplica sanciones, nosotros realizaremos elecciones”.

A la astucia de la trampa electoral se suma la arrogancia de los que siguen detentando el poder en Venezuela pese al repudio de la mayoría de los ciudadanos y pese al llamamiento internacional por buscar una solución a la crisis política y económica que sacude al país sudamericano.

Maduro piensa que la elección consolidará su poder y dará legitimidad a su presidencia. Lo cierto es que el chavismo como sistema de gobierno ha fracasado y los venezolanos no quieren la continuación del régimen, por mucho que Maduro se empeñe en ganar tiempo con una farsa electoral.

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