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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Claroscuros en el discurso del Estado de la Unión

El presidente Donald J. Trump aplaude durante el discurso sobre el Estado de la Unión que pronunció en la Cámara de Representantes el 30 de enero.
El presidente Donald J. Trump aplaude durante el discurso sobre el Estado de la Unión que pronunció en la Cámara de Representantes el 30 de enero. Getty Images

En su primer discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Trump asumió decididamente el papel de estadista.

Hay que esperar que al comenzar su segundo año en la presidencia de Estados Unidos, se mantenga fiel al papel asumido.

Sabiendo que todas las miradas estarían sobre él, Trump se presentó menos ampuloso, y se refirió al bajo índice de desempleo, a la reducción de impuestos y al crecimiento de la economía. Los planes de construir y renovar infraestructura, la licencia pagada a los trabajadores por asuntos familiares, la capacitación laboral —¡también para los reclusos!— fueron mensajes bien recibidos. El Congreso debe considerar seriamente estos temas.

Y Trump también tiene razón al decir que la represión en Cuba y en Venezuela no se puede tolerar.

Pero el discurso también tuvo sus puntos oscuros: eliminar regulaciones que mantienen la seguridad de los norteamericanos; criticar a los que no se ponen de pie cuando se toca el Himno Nacional; el espectro de los ideólogos en el poder judicial, y la clasificación de inmigrantes indocumentados como criminales.

Su llamamiento por la unidad nacional sonó sincero. Pero a menos que empiece a predicar con el ejemplo, el llamamiento podría parecer una estratagema para captar a indecisos. Después de todo, Trump ha azuzado un divisionismo que ha generado actos de odio y de hostilidad que el Presidente aún tiene que condenar y evitar.

De manera que tememos que sus palabras no necesariamente se correspondan con el “nuevo momento norteamericano” que prometió. A fin de cuentas, su primer año en la presidencia ha sido un nuevo momento norteamericano.

Una vez más, prometió “hacer a América grande de nuevo para todos los americanos”.

Estos son detalles que sacamos en conclusión de las promesas de unidad y grandeza del Presidente:

Las promesas significan que nuestros compatriotas no son nuestros enemigos: los deportistas afroamericanos que protestaron pacíficamente por el hecho de que América todavía no es tan grande para algunos, no son enemigos. Se están expresando de una forma que en realidad hace grande a América. Los hijos de inmigrantes indocumentados –los jóvenes protegidos por la ley DACA– no son piezas de un ajedrez político en el intento –hasta ahora fracasado– de reformar nuestra política de inmigración (por supuesto, los demócratas también deben tener claro este punto).

Significa que podemos estar en desacuerdo sin tener que enemistarnos en diversos temas: la reforma del cuidado de la salud, inmigración, el cambio climático, el derecho al voto.

El presidente Trump nos prometió que seríamos “un solo equipo, un solo pueblo, una sola familia norteamericana”. Esperamos que lidere con el ejemplo en el cumplimiento de esta promesa.

Esta historia fue publicada originalmente el 31 de enero de 2018, 3:38 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Claroscuros en el discurso del Estado de la Unión."

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