EN NUESTRA OPINIÓN: El acuerdo de Miami-Dade con FPL tiene potencial
El alcalde de Miami-Dade, Carlos Giménez, anunció con orgullo la semana pasada lo que parece ser una asociación única con Florida Power & Light. Su próximo paso es tratar de que los residentes —sí, los clientes de FPL— y los comisionados del condado estén de acuerdo con lo que él y los ejecutivos de FPL señalan como beneficios del acuerdo.
El alcalde piensa que con este acuerdo ganan ambos lados. Puede que tenga razón, pero ambas partes deben responder muchas preguntas.
De todos modos, la asociación podría abonar el terreno para un trabajo en equipo similar entre el sector público y el privado.
En el núcleo del acuerdo está una necesidad mutua: tanto FPL como Miami-Dade necesitan reubicar y reciclar el agua. “Pensamos cómo podemos ayudarnos mutuamente”, le dijo el alcalde a la Junta Editorial la semana pasada, junto a ejecutivos de FPL.
“Vimos una gran oportunidad en asociarnos con el condado”, expresó Michael Sole, vicepresidente de servicios ambientales de FPL.
Esas asociaciones entre el sector público y el privado no son nuevas, pero son vehículos cada vez más importantes para facilitar un desarrollo de alta calidad y la creación de infraestructura e instalaciones públicas. Se usan en una variedad de nuevos contextos de riesgo y responsabilidad compartidos. Así que el condado y el alcalde se han puesto en la vanguardia en este tema.
Como informó Jenny Staletovich, de The Miami Herald, el acuerdo con FPL es para compartir el costo de construir una instalación de tratamiento de aguas residuales en la estación del distrito sur del condado. Las aguas residuales tratadas se usarían para limpiar el problemático sistema de canales de enfriamiento en los reactores nucleares de Turkey Point, que han estado goteando al agua subterránea y creando una masa de agua salada que amenaza los cercanos pozos de agua potable.
Para el condado, esto también resuelve un viejo problema. Usar el agua para los canales de enfriamiento que abarcan 5,900 acres junto a la bahía de Biscayne, también ayuda a cumplir con un plazo fijado por el estado para el 2025, que requiere que el condado deje de descargar aguas albañales frente a la costa y reutilice el 60 por ciento de sus aguas residuales.
El plan necesita la aprobación de la Comisión de Miami-Dade, que anteriormente respaldó un esfuerzo por retirar los canales. Considerarán el tema el 8 de febrero. También necesitarían regulaciones más estrictas sobre la calidad del agua.
No se sabe con certeza el costo de esta empresa conjunta, ni quién pagará qué y cuánto. Además, se deben determinar cuestiones de propiedad y administración.
FPL dice que usar el agua reciclada elimina la necesidad de bombear desde el acuífero o de traer agua dulce de canales cercanos que podrían ir a la bahía de Biscayne o a humedales en las cercanías. Eso queda por ver. Para que el plan funcione, FPL debe obtener permiso para extender la vida útil de los reactores, un paso que tiene muchos críticos.
Los reactores recibieron su primera licencia en la década de 1970 y deben retirarse en el 2033. Pero extender las operaciones a 80 años no tendría precedentes.
Mientras el proceso continúa, los contribuyentes locales tienen todo el derecho de abrigar grandes expectativas de transparencia y responsabilidad. Aunque esperamos que las negociaciones se lleven a cabo con integridad y buena fe, el problema del estadio de los Marlins todavía está en la memoria, y ayudó a que Giménez ganara la alcaldía. Por lo tanto, quizá más que nadie, Giménez entiende las dificultades.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de febrero de 2018, 7:25 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: El acuerdo de Miami-Dade con FPL tiene potencial."