Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Hillary debe responder a las sospechas

La aspirante presidencial demócrata y ex secretaria de Estado Hillary Clinton participa en un foro de política pública en Nueva York, el 29 de abril.
La aspirante presidencial demócrata y ex secretaria de Estado Hillary Clinton participa en un foro de política pública en Nueva York, el 29 de abril. AP

Teniendo en cuenta que Hillary Clinton prácticamente no tiene rivales para la nominación de su partido para la presidencia en el 2016, no es extraño que su campaña sea el blanco de incesantes dardos verbales de republicanos.

Pero los demócratas no deben sentirse seguros. No hace mucho, sus más fervientes partidarios se jactaban de que con Hillary, los votantes no tenían que preocuparse de que hubiera algún trapo sucio. La habían investigado una y otra vez durante sus más de dos décadas como primera dama de Estados Unidos, senadora federal por el estado de Nueva York y secretaria de Estado, decían.

Luego se reveló que no había usado el sistema de correo electrónico oficial del Departamento de Estado para comunicarse cuando estuvo al frente de la diplomacia nacional. Y ahora hay más preguntas sobre sus actividades y las de su esposo, y las cuantiosas recaudaciones de la Fundación Clinton.

No estamos hablando de las falsas afirmaciones sobre su papel en los ataques contra la sede diplomática norteamericana en Bengasi. Las investigaciones del Congreso y del gobierno de los ataques del 2012 en los que murió el embajador J. Christopher Stevens y otros tres norteamericanos no respaldan las acusaciones de algunos republicanos que alegan que los fallos de dirección de la entonces secretaria de Estado Clinton precipitaron la tragedia.

Debería ser un caso cerrado. Pero el presidente de la Cámara, John Boehner, nombró el año pasado otro comité para examinar el incidente, dándole un plazo que se extiende convenientemente hasta la temporada electoral. Como los demócratas han señalado con toda razón, el tiempo que se ha dado al comité para llevar a cabo la pesquisa es más largo que el tiempo que duró la investigación del asesinato de John F. Kennedy, Watergate y los ataques del 9/11.

La mayoría de los votantes probablemente verán el carácter partidista de esta jugada. Pero hay otras preguntas engorrosas que no se pueden desestimar.

Un informe del New York Times, por ejemplo, indica que personas relacionadas con una compañía canadiense llamada Uranium One canalizaron fondos a la Fundación Clinton mientras la empresa tenía negocios con el Departamento de Estado. El dinero no se informó adecuadamente. Asistentes de Bill Clinton supuestamente ayudaron a crear una entidad benéfica canadiense que protegió la identidad de donantes que dieron más de $33 millones a su fundación.

Aún peor: un banco de inversión ruso conectado con los tratos, que tuvieron que ver con participaciones en minería en Kazajstán que los canadienses vendieron a la empresa estatal rusa de energía nuclear, pagó unos honorarios de $500,000 como conferencista a Bill Clinton en medio del proceso.

Los partidarios de Hillary alegarán que no se la puede responsabilizar de todas las actividades de su esposo. Tampoco hay ninguna evidencia de algo indebido de su parte. Pero debe ver las sospechas que todo esto levanta. A menos que demuestre que sus manos están limpias, esas sospechas se mantendrán durante su campaña.

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