Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Venezuela: la información amordazada

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro AFP/Getty Images

Aunque Nicolás Maduro se ha jactado en repetidas ocasiones de la transparencia de su gobierno, la realidad cotidiana lo desmiente.

Un artículo reciente de Jim Wyss [ver Férreo control de datos en la Venezuela chavista, el Nuevo Herald, 4 de mayo] destaca las dificultades –y muchas veces la imposibilidad– de obtener información pública en Venezuela. Y eso a pesar de que la Constitución vigente garantiza el acceso del público a información gubernamental “oportuna y veraz”. Pero resulta que no es así.

Un caso notable es el ocultamiento de las noticias que puedan dar una imagen desfavorable del régimen chavista. Por ejemplo, según el artículo de marras, el gobierno cerró en el 2003 la oficina de prensa de la policía que daba las cifras de los asesinatos y otros delitos. Precisamente fue en ese mismo año cuando la tasa de crímenes empezó a aumentar en el país sudamericano. La coincidencia tiene que resultar sospechosa.

El régimen del difunto Hugo Chávez primero y ahora el de Nicolás Maduro no quieren dar las cifras policiales, pero Venezuela tiene uno de los índices de criminalidad más elevados del mundo. ¿Por qué el gobierno no acepta la realidad y toma medidas serias para resolver la tragedia nacional del crimen?

Y no es solo la tasa de delitos. Conseguir información que en otros países está al alcance de cualquiera, en Venezuela se convierte en una tarea titánica o imposible.

Estas barreras a la información afectan principalmente a los medios de difusión independientes, que tienen que realizar una ardua labor para determinar datos como la cantidad de personas asesinadas a diario o la magnitud de la inflación. La falta de transparencia informativa forma parte del asedio del régimen a la prensa independiente, mientras fortalece los medios oficialistas, el control estatal sobre la información.

El régimen de Maduro aprieta cada vez más la mordaza sobre los medios y niega a la sociedad su derecho a enterarse de lo que está pasando realmente. En Venezuela ya no se puede hablar de transparencia, sino de opacidad informativa.

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