Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Frente al Ejército Islámico

El aspecto más alentador del discurso del presidente Obama sobre su plan para combatir al Estado Islámico es que evitó la trampa de parecer inseguro, como ha hecho a menudo al verse obligado a asumir el papel de comandante en jefe.

En un discurso conciso de 15 minutos el miércoles por la noche, Obama ordenó una campaña militar sostenida contra extremistas islámicos en Irak y Siria y explicó claramente por qué era necesario. El Estado Islámico, dijo, ha exhibido una “brutalidad singular” que podría constituir una creciente amenaza contra Estados Unidos. Por lo tanto, prosiguió, una coalición dirigida por los norteamericanos llevará la batalla a su terreno.

La nueva postura del Presidente está muy lejos de la admisión que le ganó críticas hace unos días, cuando dijo que no había formulado una estrategia para enfrentar a los asesinos. Su discurso también fue muy distinto de las palabras que pronunció hace exactamente un año, cuando no logró convencer al Congreso ni a la opinión pública de la necesidad de castigar a Siria por el uso de armas químicas.

Esta vez, el Presidente prometió un esfuerzo constante e infatigable para “degradar y destruir” al Estado Islámico dondequiera que se encuentre, incluidos Irak y Siria. Sabiamente, el Presidente no fijó un plazo para cumplir la misión. Puede tomar años, incluso más allá de su segundo término presidencial.

Mientras el Presidente hablaba, llegó la noticia de que Arabia Saudita aceptó abrir sus bases para entrenar a rebeldes sirios moderados en la campaña contra los extremistas islámicos. Aunque países como Arabia Saudita son los más vulnerables ante los sanguinarios fundamentalistas, han vacilado a la hora de unirse a Estados Unidos. La existencia de una coalición fortalece la batalla contra el Estado Islámico y aumenta las probabilidades de ganar.

El aspecto más alentador del discurso de Obama fue que tuvo que dar ese discurso. Obama alcanzó la presidencia tras una campaña en la que se opuso a la apresurada decisión de invadir Irak.

Llegó a la Casa Blanca como un opositor a la guerra que prometió concentrarse en la restauración de una economía destrozada en vez de librar conflictos, y el público norteamericano, cansado de la guerra, lo apoyó. Pero el surgimiento del bárbaro Estado Islámico en la región ha producido un cambio notable en la actitud norteamericana y ha obligado al gobierno a cambiar de rumbo.

Ahora, Obama asumió su papel de comandante en jefe con más seguridad que nunca antes, pero insistió en que no habrá un cuantioso envío de tropas norteamericanas al Medio Oriente. No obstante, las últimas encuestas indican que el público estadounidense está a favor de una acción militar.

El gobierno y el pueblo de Estados Unidos desean retirarse militarmente del Medio Oriente, pero no pueden irse cuando las fuerzas del extremismo amenazan el futuro. Y aunque Obama tiene la autoridad para emprender acciones en Siria y en otras partes de la región sin la aprobación del Congreso, los legisladores no deben quedarse de brazos cruzados. Este es un momento de mostrar la decisión y la fortaleza de Estados Unidos, y Estados Unidos nunca es más fuerte que cuando actúa con unidad entre sus dos grandes partidos.

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