EN NUESTRA OPINIÓN: Aliados descontentos en el Medio Oriente
La Casa Blanca lo negará, pero la poca nutrida asistencia de los líderes del Golfo Pérsico a la reunión con el presidente Barack Obama la semana pasada señala una insatisfacción con Estados Unidos.
El rey saudita Salman no seguirá la conducta del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de criticar públicamente las negociaciones nucleares con Irán. Pero su decisión de no asistir a una cena y a una reunión en Camp David después que la Casa Blanca había anunciado su asistencia, y la ausencia de tres de los otros cinco jefes de Estado, demuestra que los esfuerzos del gobierno por tranquilizar a estos viejos aliados del Medio Oriente no están dando los frutos esperados.
No es difícil entender la causa de la insatisfacción de los árabes.
Aunque reiteró que está listo para reforzar sus defensas y calmar sus temores sobre una detente entre Estados Unidos e Irán, Obama solo está dando pasos modestos: una reiteración de anteriores declaraciones prometiendo defender a los estados del Golfo contra un ataque externo; un plan para integrar mejor las defensas coheteriles de la región, más ejercicios bélicos.
Lo que no se ofreció fue lo que los reyes y emires desean: un tratado de defensa formal, la venta de armamento de alta tecnología y un mayor apoyo norteamericano a las fuerzas que combaten a los iraníes y a sus aliados en Yemen y Siria.
Obama tiene razón en oponerse a algunas de las demandas.
El Congreso seguramente rechazaría un tratado de defensa que ponga a Doha o a Arabia Saudita a la par con Israel.
El Presidente causó una conmoción en Riad y otras partes cuando dijo en una reciente entrevista que los estados del Golfo también afrontan “amenazas internas”, como su autoritarismo. En eso también tuvo razón.
No sería sabio respaldar ciegamente la represión interna en Arabia Saudita o su brutal e inútil intervención en Yemen.
Pero hay una forma en que Obama puede defender los intereses norteamericanos y al mismo tiempo los de nuestros aliados del Golfo: atacando al régimen de Bashar al-Assad en Siria, la fuerza más tóxica y desestabilizadora del Medio Oriente.
La dictadura siria es el aliado más cercano de Irán en la región, y su barbarie dio lugar al auge del Estado Islámico.
Si Obama siguiera la recomendación de varios funcionarios del gobierno de crear zonas seguras en el norte y el sur de Siria para los rebeldes, la balanza podría inclinarse contra Damasco y Teherán, y los aliados de Estados Unidos tendrían una razón tangible para aceptar el liderazgo norteamericano.
No parece probable que la cumbre de la semana pasada mejore la relación entre Estados Unidos y sus aliados tradicionales en el Medio Oriente, que quizá piensen que deben empezar a proteger sus intereses sin la ayuda de Washington.
Para revertir esa tendencia peligrosa, que podría llevar a una guerra regional o a la nuclearización de los estados del Golfo, Obama —o tal vez su sucesor— debe demostrar una voluntad de hacer más ante la agresión iraní que reunirse en Camp David.
(Este editorial apareció originalmente en The Washington Post).
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de mayo de 2015, 3:40 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Aliados descontentos en el Medio Oriente."