EN NUESTRA OPINIÓN: Pruitt se ha ido, ¿pero se salvará el medio ambiente?
Adiós al administrador de la Agencia de Protección Ambiental Scott Pruitt, que tenía problemas de ética y que exhibía su abuso de poder como si fuera una condecoración.
Pruitt renunció el jueves bajo la presión de 14 investigaciones federales y congresuales en su contra en solo 18 meses en el puesto. Si eso no rompe un récord, está muy cerca de romperlo.
Republicanos y demócratas, y por último el presidente Trump, estuvieron de acuerdo en que era hora de que Pruitt se marchara.
Pruitt renunció mencionando los “incesantes ataques” en su contra y contra su familia, los cuales, según dijo, les han “cobrado un alto precio”. Pero él mismo se buscó tener que pagar ese precio con su actitud arrogante. Su principal tarea, al parecer, no era servir al pueblo de Estados Unidos, sino a sí mismo.
Pruitt ordenó instalar una costosa cabina telefónica a prueba de sonido en su oficina; viajó en primera clase a costa de los contribuyentes; usó a su personal para indagar sobre la compra de una franquicia de Chick-fil-A para su esposa; mantenía una costosa escolta de seguridad las 24 horas; destinó recursos para comprar un colchón de un hotel de Trump; e hizo un trato para alquilar un lujoso condominio en Washington por $50 la noche, por no mencionar la revelación más reciente de CNN: limpió su calendario público para ocultar sus reuniones.
No obstante, Pruitt, escéptico del cambio climático, parecía perfecto para el puesto en la EPA en el gobierno de Trump. Puso en práctica la mayor eliminación de regulaciones protectoras en la historia de la EPA. Pruitt dio marcha atrás, retrasó o bloqueó varias regulaciones de la era de Obama. Entre ellas, las encaminadas a reducir la contaminación por las emisiones de gases de efecto invernadero de automóviles y plantas eléctricas. Exhortó a Trump a retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el cambio climático, firmado en el 2015.
Ahora la pregunta obvia es: con la salida de Pruitt, ¿nuestros recursos naturales estarán mejor protegidos? En particular, ¿se salvará la costa de la Florida de las perforaciones petroleras? ¿Se protegerá más a los Everglades de la irrupción de agua con fósforo?
Hay que dudarlo.
Probablemente la persona que el presidente Trump nombre para suceder a Pruitt no estará más inclinada a detener la destrucción de los recursos naturales de Estados Unidos. Más bien continuará eliminando las numerosas directivas de la EPA que han impedido que se perfore en busca de petróleo en tierras protegidas y que han mantenido el aire y vías acuáticas libres de polución, pidiendo cuentas a la empresa privada.
Pruitt fue uno de los que con más eficacia implementaron la agenda del presidente. Estuvo entre los miembros originales del gabinete asignados a dirigir un departamento que odiaban. Su trabajo consistió en desmantelarlo. Cuando era secretario de Justicia de Oklahoma, con vínculos con la industria del petróleo y del gas, Pruitt presentó más de una docena de demandas contra la EPA.
Pruitt estaba haciendo una labor “excepcional”. A pesar de las transgresiones éticas y de las numerosas investigaciones, Trump lo respaldaba. Solo cuando Pruitt instó al presidente a despedir al secretario de Justicia, Jeff Sessions, y nombrarlo en su lugar, fue que el presidente pareció darse cuenta de que Pruitt era un peligro y una vergüenza. Sin embargo, Trump tuvo elogios para Pruitt después de la renuncia: “En la agencia, Scott ha hecho un trabajo extraordinario, y siempre le estaré agradecido por eso”.
Lamentablemente, la partida de Pruitt no frenará la campaña del gobierno contra el medio ambiente. El nuevo jefe quizá sea tan malo como el viejo.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de julio de 2018, 6:07 p. m..