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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Una lección de la tragedia de Amtrak


Un tren de Amtrak se acerca a la estación de la calle 30, en Filadelfia, tras el accidente de un tren de la misma línea el 12 de mayo.
Un tren de Amtrak se acerca a la estación de la calle 30, en Filadelfia, tras el accidente de un tren de la misma línea el 12 de mayo. Getty Images

El descarrilamiento del tren en Filadelfia en el que murieron ocho personas y muchas sufrieron lesiones es una metáfora casi perfecta de la decrépita infraestructura del país: una alta probabilidad de que ocurra un accidente mientras los legisladores están dormidos al timón.

El Congreso ha descuidado a Amtrak. Los republicanos de la Cámara recortaron más de $1,000 millones a la petición del presidente Obama de $2,450 millones para costear el sistema de trenes el día después del descarrilamiento, lo que dejaría el gasto en $251 millones por debajo de su nivel actual.

Pero el Congreso no solo ha descuidado el ferrocarril, sino también todo el sistema de transporte y las carreteras nacionales. El Fondo de Carreteras, la principal fuente de dinero para el sistema de autopistas, se ha estado reduciendo desde hace más de 20 años y está casi en la insolvencia.

El fondo ya no puede proporcionar los recursos necesarios para resolver las necesidades de los choferes que usan puentes y carreteras, pero el Congreso se niega tercamente a encontrar una solución a largo plazo.

En los últimos siete años, el Congreso ha gastado unos $50,000 millones en fondos temporales para mantener el nivel actual de gastos, sin resolver el verdadero problema: el Fondo de Carreteras ya es inadecuado. El Fondo se nutre del impuesto a la gasolina pagado por los choferes, que se mantiene en 18.4 centavos por galón desde 1993. Desde entonces, su valor real ha disminuido el 36 por ciento, según The Tax Foundation.

Los remedios temporales hacen casi imposible que los estados y las municipalidades puedan planear proyectos de construcción a largo plazo. Además, los fondos son insuficientes para resolver necesidades actuales y futuras. El resultado es que Estados Unidos ocupa el lugar número 28 en todo el mundo en infraestructura. El secretario de Transporte, Anthony Foxx, dijo este mes: “Como país debería darnos vergüenza” el estado de la infraestructura nacional. Tiene razón.

Sin embargo, hay soluciones. Una es hacer que el impuesto se corresponda con la inflación. Otra es el plan del gobierno de Obama de imponer un gravamen del 14 por ciento a las ganancias de las corporaciones en el extranjero para generar ingresos.

No es extraño que los republicanos hayan protestado contra un plan que contemple impuestos. Pero hay otras ideas. Una, de un senado republicano, propone la creación de un banco nacional de infraestructura con garantías federales de préstamos para los estados.

Sea cual sea la solución, hay que generar el dinero para reparar las carreteras y los puentes en mal estado.

Y también ya es hora de que el Congreso reconozca que Amtrak es una parte integral del sistema de transporte de la nación y le dé los fondos necesarios. Los legisladores deben hacer todo lo posible por que los pasajeros de Amtrak viajen con seguridad.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de mayo de 2015, 1:00 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Una lección de la tragedia de Amtrak."

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