EN NUESTRA OPINIÓN: El ICE es el objetivo erróneo de la indignación de los demócratas
La repentina exhortación de algunos demócratas de abolir la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE), la agencia cuya misión incluye manejar las deportaciones, va mejor con una calcomanía para autos que como plan de políticas. Al igual que la erradicación del Servicio de Rentas Internas (IRS), la propuesta recurrente del Partido Demócrata, abolir el ICE refleja la noción risible de que es posible eliminar políticas ofensivas mediante la atomización de la agencia que las hace cumplir. Eso no es así.
Más estadounidenses -y nos contamos entre ellos- están indignados con el acoso, la humillación y la caza de inmigrantes por parte del gobierno del presidente Donald Trump, incluida la política de cero humanidad de tratar de desalentar a futuros inmigrantes separando de sus hijos a los que llegan ahora a la frontera. El instrumento de algunas de esas políticas ha sido el ICE. Pero ha sido solamente eso, un instrumento, aplicado en cada caso para hacer cumplir la voluntad del presidente Trump y su gobierno.
Indignados ante esas políticas, los que proponen la abolición del ICE lo han puesto en la mira de su ira. Pero eliminar la agencia, o desbaratarla, no cambiará las leyes que rechazan o, más específicamente, la manera insensible en que el gobierno ha decidido hacer cumplirlas. No funcionará de la misma manera que eliminar el IRS no haría desaparecer los impuestos.
Sin duda alguna, el ICE es culpable de abusos injustificados, como la detención de inmigrantes que no han cometido delitos y que han llevado vidas ejemplares durante años en Estados Unidos; la separación de comunidades y familias; el caos inaceptable de separar a los hijos de sus padres en la frontera sin ninguna idea de cómo podrán reunificarse. Pero esos excesos se llevaron a cabo con el robusto aliento de la Casa Blanca y de la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, cuyo despacho supervisa el ICE.
Así las cosas, ¿por qué tomarla directamente con el ICE? El Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), también parte de Seguridad Nacional, tiene su propio historial de brutalidad. ¿Y la Oficina de Reasentamiento de Refugiados, del Departamento de Salud y Servicios Humanos? Esa agencia ha participado en la separación sin rendición de cuentas de más de 2,000 familias inmigrantes esta primavera, muchas de las cuales, en el caso de los solicitantes de asilo que se presentan en los puntos de entrada en la frontera con México, ni siquiera han cometido el delito menor de cruzar ilegalmente.
Unos cuantos demócratas han azuzado a sus bases con el lema de abolir el ICE, entre ellos el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio; la senadora neoyorquina Kirsten Gillibrand, y Alexandria Ocasio-Cortez, la apasionada joven que ganó una primaria congresual en Nueva York y ha propuesto una alternativa o el reemplazo del ICE. Nadie ha reconocido que la agencia precursora del ICE antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre, el Servicio de Inmigración y Naturalización, que supervisaba las deportaciones, fue acusado con frecuencia de militarizar la frontera y maltratar a los inmigrantes.
La realidad es que el ICE, con 20,000 empleados y un presupuesto anual superior a los $6,000 millones, maneja más que deportaciones. Su división investigativa se ocupa de los delitos cibernéticos, el tráfico de personas, el tráfico de drogas, los esfuerzos contra la proliferación nuclear y de equipos militares, la explotación infantil, incluso del robo de piezas de arte.
Todas esas son funciones vitales y legítimas del gobierno, al igual que las deportaciones. No las van a abolir, ni deben hacerlo. El problema del ICE no es su existencia o su misión, sino que el gobierno de Trump, en su celo xenófobo, ha dado a la agencia un poder que va más allá de proteger a Estados Unidos y que ahora se adentra en el territorio oscuro de la opresión.
Este editorial se publicó originalmente en The Washington Post
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de julio de 2018, 0:57 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: El ICE es el objetivo erróneo de la indignación de los demócratas."