Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Colombia frente a la crisis de Venezuela

Un gran número de venezolanos cruza el Puente Internacional Simón Bolívar hacia Colombia, el pasado febrero.
Un gran número de venezolanos cruza el Puente Internacional Simón Bolívar hacia Colombia, el pasado febrero. AP

Nikki Haley, embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, estuvo presente en la inauguración del nuevo presidente de Colombia, Iván Duque, el pasado 7 de agosto. La embajadora también visitó el Puente Internacional Simón Bolívar, en la frontera entre Venezuela y Colombia, donde tuvo la oportunidad de conversar con algunos de los numerosos inmigrantes venezolanos que cruzan el puente huyendo de la desastrosa situación en su país.

Haley prometió 9 millones de dólares adicionales a los 60 millones que se anunciaron con anterioridad en ayuda norteamericana para los refugiados venezolanos en Colombia.

Es un paso correcto, porque en el drama que viven los fugitivos del chavismo, cualquier ayuda es bienvenida.

Entre el 2015 y enero de este año, unos 4 millones de venezolanos han emigrado a diversos países: Argentina, Brasil, Costa Rica, Chile, Ecuador, Colombia, Panamá, México, Estados Unidos y otros.

Los empuja la penosa crisis que atraviesa Venezuela y que no parece tener fin a la vista: angustiosa escasez de alimentos y medicinas, deterioro de la atención en los hospitales, una hiperinflación que puede superar el millón por ciento a fines de este año, persecución oficial contra los opositores al gobierno. Ahora, tras el presunto atentado contra el presidente Nicolás Maduro el 4 de agosto, la represión policial contra los descontentos y la falta de garantías y derechos ciudadanos irá en aumento.

Según el diario El Universal, de Caracas, cada día más de 70,000 venezolanos entran y salen de Colombia a a través del Puente Internacional Simón Bolívar, el que la embajadora Nikki Haley visitó recientemente. Y hay cerca de un millón de ciudadanos venezolanos establecidos en Colombia. Algunos viven en condiciones precarias, pero al parecer cualquier cosa es mejor que seguir sufriendo bajo el gobierno de Maduro.

El nuevo presidente colombiano afronta este problema migratorio en su frontera oriental mientras también debe encarar otros temas urgentes: mejorar la economía nacional y garantizar una implementación fluida del acuerdo de paz con las guerrillas de las FARC, que heredó de su antecesor en el cargo, Juan Manuel Santos. Además, Duque debe acometer con energía la batalla por reducir la producción de coca, que el año pasado subió a un nivel sin precedentes en dos décadas.

Estados Unidos debe ayudar en este empeño contra el narcotráfico. Y también tiene que seguir dando una mano ante una crisis migratoria en la frontera con Venezuela que se puede agravar.

También es preciso que la comunidad hemisférica intervenga. La crisis venezolana afecta a toda la región, de manera que la región debe tomar cartas en el asunto. Ahora que Maduro parece decidido a seguir aferrándose al poder con uñas y dientes, y a perseguir a la oposición, las naciones del continente deben incrementar sus esfuerzos para promover la democracia en Venezuela. El regreso de la democracia es la única solución a la crisis.

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