Editorial

EN NUESTRA OPINION: En campaña contra el ébola

Rara vez el concepto de la aldea global ha parecido tan real como con la aterradora epidemia del ébola en África.

Hubo una época, no hace mucho, en que el brote de una enfermedad en cualquier parte del Tercer Mundo parecía muy lejano de nuestra vida cotidiana y de la política exterior norteamericana. Con el país protegido por vastos océanos, los líderes estadounidenses no se veían obligados a ordenar una respuesta rápida como la anunciada la semana pasada por el presidente Obama para nuestra protección.

En esa época, habría habido si acaso una respuesta tardía y simbólica, pero no se habría considerado una prioridad que exigiera una acción presidencial y un despliegue militar.

Lo que distingue al ébola es que el mundo en realidad se ha achicado, que los medios modernos de transporte han bajado las barreras contra la infección. En lugares como Miami, importante puerto de entrada de visitantes extranjeros, la amenaza es muy real, y el Ébola es un virus temible.

La enfermedad mata entre el 50 y el 90 por ciento de las personas infectadas con el virus, y aún no hay un tratamiento específico y eficaz. No hay vacuna. Altos funcionarios de la ONU dicen que los casos surgen a un nivel casi exponencial, con 5,000 casos reportados a fines de agosto.

Los funcionarios en África están asustados, y con razón. El fin de semana, el gobierno de Sierra Leona confinó a toda la población del país, unos 6 millones de personas, a sus hogares por tres días, una acción considerada por un informe noticioso como “el encierro más general contra una enfermedad desde la Edad Media”.

Algunos expertos calculan que hasta 20,000 personas podrían infectarse antes de que se logre controlar la epidemia. Otros dijeron que la cantidad sería varias veces más alta para fin de año.

El doctor Bruce Aylward, director general adjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dijo que el virus se estaba extendiendo más rápidamente que la (demorada) respuesta de la comunidad internacional.

La comunidad internacional pudo haber respondido con más rapidez y más eficacia. La OMS informó sobre un brote considerable en Guinea el pasado marzo, pero fue la semana pasada cuando el presidente Obama anunció medidas adecuadas a la dimensión de la amenaza.

Obama ordenó un despliegue de medicinas, equipos y soldados a Liberia y Senegal. Un contingente de 3,000 militares construirá centros de emergencia y establecerá lo que los funcionarios del Pentágono llaman asistencia de “comando y control” para coordinar el esfuerzo con otros países. Según la Casa Blanca, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades han asignado más de $100 millones a la batalla desde el inicio de la epidemia, pero se perdieron meses antes de que la alarma sonara más allá de las fronteras de los países afectados.

Como explicó el presidente Obama, cuando un virus se multiplica, también muta para combatir el sistema inmunológico humano y las medidas en su contra. Lo cual aumenta la urgencia de la crisis y hace imperativo que Estados Unidos coordine un esfuerzo a gran escala para combatir el problema.

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