Editorial

Rosselló se quedó sin opciones. Por eso debe renunciar

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló.
El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló. NYT

El desafiante gobernador de Puerto Rico está tratando de mantener su trabajo. Pero, en este punto, Ricardo Rosselló nunca va a lograr que baje la presión. Es hora de que “Ricky” escuche a sus enojados constituyentes. Sus carteles de protesta lo dicen todo: “Ricky, renuncia”.

Las manifestaciones callejeras y los enfrentamientos con la policía que comenzaron en el pintoresco Viejo San Juan la semana pasada frente a la mansión del gobernador se han extendido por toda la isla. La indignación se ha exportado a ciudades del continente americano, como Miami, Orlando y Nueva York.

La manifestación del lunes por la noche iba a ser una de las más grandes en la historia del país y llevó a miles de puertorriqueños de todo el país a San Juan, donde la policía esperaba preparada con sus equipos antimotines.

El gobernador se mantuvo firme en que no renunciará porque, como dijo a Fox News en una tensa entrevista el lunes, fue “elegido por el pueblo”.

Pero las personas que lo pusieron en el cargo están decididas a expulsarlo. Previamente dijimos que Rosselló se había ganado el cargo de gobernador cuando fue elegido para esa posición. “Ahora, debe ganarse el derecho de conservarlo”, escribimos en ese momento.

Esta semana, está claro que es demasiado tarde. Rosselló simplemente ha perdido el apoyo colectivo de los puertorriqueños que están totalmente cansados de su economía agotada, su lucha para recuperarse del huracán María, la corrupción del gobierno y un gobernador incapaz de hacer nada bien.

En un video publicado en su página de Facebook durante el fin de semana, Rosselló se disculpó, una vez más, por su participación en los mensajes de chat crueles y pueriles que insultaron a mujeres, gays e incluso a personas que murieron en el huracán hace dos años. Prometió no postularse para la reelección y renunció a liderar su partido político. También dijo que esperaba defenderse contra el proceso de impugnación, cuyas etapas iniciales están siendo exploradas por la legislatura de Puerto Rico.

Rosselló debería ahorrar a los legisladores el tiempo y los problemas de este proceso legislativo. El gobernador está irreparablemente dañado y debe renunciar.

En Fox, trató de promocionar el trabajo de su administración: “Saben, he tenido el mayor esfuerzo de recuperación en la historia moderna de Estados Unidos en nuestras manos. Estamos luchando contra la corrupción con ciertas iniciativas que ya hemos empezado y con algunas nuevas que queremos desplegar, para que podamos solucionar el problema”.

Ahora está en plena acción. Dijo que quiere que se asigne un zar de desembolso de fondos federales; dijo que acaba de presentar una iniciativa de adquisición para “combatir la corrupción”.

Pero los mensajes del chat fueron simplemente la gota final para los puertorriqueños. Este territorio libre asociado de Estados Unidos continúa teniendo dificultades para recuperarse del huracán María. Mientras que la administración de Rosselló declaró que 64 personas habían muerto en el desastre natural, un estudio de Harvard encontró que hubo al menos 4,645 muertes relacionadas con la tormenta.

Este país en bancarrota está trabajando para reestructurar parte de la deuda de $70,000 millones en medio de una recesión de 13 años. Y ahora la economía está recibiendo un golpe más, ya que los cruceros pasan por San Juan sin detenerse. Y para rematar, tiene un enemigo de por vida, al parecer, en el presidente Donald Trump.

Desafortunadamente, Puerto Rico ha visto solo una fracción de los $42,000 millones, en ayuda para desastres asignada por el Congreso, y no los $92,000 millones según lo que erradamente dijo Trump el lunes.

La implacable ira de los puertorriqueños deja claro que Rosselló fue un líder inefectivo mucho antes de que se descubrieran los desagradables correos electrónicos. Es poco lo que puede hacer para revertir esa percepción en el tiempo restante de su mandato. Su credibilidad se ha acabado.

Por eso y mucho más, Ricky, renuncia.

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