Editorial

Editorial: No creemos en las declaraciones contra el odio del presidente Trump

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, da una declaración sobre los recientes tiroteos masivos en El Paso y Dayton antes de abordar a Washington en el aeropuerto de Morristown el 4 de agosto de 2019.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, da una declaración sobre los recientes tiroteos masivos en El Paso y Dayton antes de abordar a Washington en el aeropuerto de Morristown el 4 de agosto de 2019.

No, no le vamos a creer hasta que veamos hechos concretos.

No vamos a creer en las declaraciones de repudio al odio y la supremacía blanca del presidente Donald Trump hasta que se responsabilice de avivar los sentimientos de odio, que siempre han existido en el país, con sus palabras y sus acciones.

Hasta que reconozca que ha motivado a las personas que obtienen armas de guerra y masacran a las mismas personas que él mismo ha criticado. Después de todo, las personas asesinadas en tiroteos en Gilroy, California; El Paso, Texas; y Dayton, Ohio; eran en su mayoría personas que él ha deshumanizado con su retórica.

Hasta que reconozca que su familia, incluida su esposa, está compuesta de inmigrantes y que el éxito de Estados Unidos se basa en gran medida en el ingenio y el trabajo duro de las personas que querían venir a este país, incluidas las que lo hicieron involuntariamente.

Hasta que él diga: No, no hay “buenas personas” en ambos lados.

Hasta que les diga a los “estadounidenses encolerizados” que cometen actos de odio que no están haciendo que Estados Unidos vuelva a ser un gran país.

Hasta que no llame a la unidad nacional inmediatamente, como lo hizo el lunes, y después declare que “las noticias falsas han contribuido en gran medida a la ira y la rabia que se ha acumulado durante muchos años”.

Hasta que elimine su prohibición de entrada a los musulmanes de algunos países como prueba de que comprende que los peores actos de odio ahora provienen de personas que se parecen a él. El mes pasado el director del FBI, Christopher Wray, dijo al Congreso que la mayoría de los arrestos por terrorismo doméstico este año fiscal se han hecho a personas vinculadas a la supremacía blanca.

Hasta que se niegue a usar sus mítines de campaña para incitar a su base blanca a odiar a los inmigrantes de piel morena.

Hasta que elogie la sentencia de prisión de 20 años que recibió el lunes César Sayoc, el fisiculturista del sur de Florida que se declaró culpable de enviar bombas a prominentes demócratas y medios de comunicación.

Hasta que separe el control de armas y la inmigración como dos temas separados que ameritan soluciones diferentes. Él obtendrá puntos políticos por simplemente expresar preocupación por ambos temas. Pero vincular estos problemas que generan tanta división en el país no es la forma de lograr nada sustancial, lo cual puede ser lo que él está tratando.

Hasta que su próximo tuit no condene a los representantes afroamericanos y, por extensión, a sus constituyentes afroamericanos, sino que pregunta: “¿Cómo puedo ayudarles?”. Por ejemplo, en un momento en que el índice de tener propiedad en la comunidad negra se ha desplomado, Trump también está eliminando las leyes que garantizan el justo acceso a la vivienda.

Hasta que diga, en voz alta, que “muchas de las ratas que corren por Baltimore vienen de barrios marginales que son administrados por la familia de mi yerno”.

Hasta que él diga a sus republicanos aduladores en el Congreso y en otros lugares que las masacres a manos de los supremacistas blancos no son el resultado del “matrimonio homosexual”, “los defensores de la reina de los dragones”, “el desmoronamiento de la familia estadounidense tradicional” y la “aceptación de la marihuana recreativa”. Sí, la representante estatal de Ohio, Candice Keller, dijo todo esto en Facebook. Y, no, el ex presidente Obama tampoco tiene la culpa.

Hasta que realmente lidere para lograr la promulgación de leyes de advertencia que mantengan las armas fuera del alcance de quienes no deberían tenerlas, incluidos algunos estadounidenses con enfermedades mentales. Muchos estados ya están promulgando este tipo de leyes.

Hasta que él reconozca quién ha sido y en qué se ha convertido: un hombre racista, sexista y abusador, y diga que va a cambiar su forma de ser. La introspección siempre es difícil, por lo que no tenemos grandes esperanzas.

Realmente, no creemos y no esperamos que el presidente Trump sea capaz de hacer todo esto.

Pero hasta que lo haga, sus declaraciones que condenan estos actos deplorables de odio no tienen credibilidad alguna.

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