Editorial

A pesar de su muerte, las verdaderas víctimas de Jeffrey Epstein todavía merecen justicia



El suicidio de Jeffrey Epstein hace ahora más imperioso seguir investigando el sórdido asunto. El juicio que se le debía celebrar próximamente hubiera arrojado luz sobre los muchos aspectos de sus delitos y los esfuerzos por ocultarlos. Y a las víctimas, quienes ya no podrán tener la satisfacción de enfrentarlo en un tribunal, no se les puede hacer olvidar cómo sucedió esta atrocidad.

Las víctimas y el público norteamericano, tienen derecho a saber cómo y por qué el sistema de justicia penal manejó indebidamente los delitos de este depredador acaudalado y poderoso.

Tenemos que saber cómo fue que Epstein recibió un trato con guante blanco en la cárcel del Condado Palm Beach. Ahora debe haber más respuestas porque el gobernador Ron DeSantis ha ordenado una investigación independiente, que debe realizarse de manera profunda y sin temor a los resultados.

Pero también tenemos que saber cómo Epstein, quien estaba en una celda bajo vigilancia en una cárcel federal en Nueva York, pudo suicidarse, precisamente lo que las autoridades dicen que trataban de evitar. Hasta en esto el sistema de justicia ha fallado.

The Miami Herald se compromete a seguir buscando la verdad. La justicia ha eludido a las víctimas de Epstein durante demasiado tiempo, y esa es la única meta del Herald.

Jeffrey Epstein, al morir, no es una víctima. El Herald y otros medios de prensa simplemente colocaron un espejo frente a su rostro. Y al final no le gustó lo que vio.

Fue un hombre que evitó rendir cuentas hasta el último momento. De hecho, nunca fue verdaderamente penalizado por abusar sexualmente de numerosas jovencitas.

En su lugar, a Epstein lo ayudaron no solamente otras personas ricas y poderosas, no solamente sus abogados, sino, contra toda lógica, el propio sistema de justicia penal. Después de todo, hace más de un decenio, el entonces fiscal federal del distrito sur de la Florida le permitió salirse con pocas consecuencias: 13 meses en una cómoda celda, con permiso para salir a trabajar todos los días y, se dice, con privilegios sexuales también.

Las víctimas del abuso sexual de Epstein tienen que saber por qué le permitieron hacer lo que hizo con relativa impunidad. El público tiene que saber por qué las entidades policiales se la pusieron tan fácil la primera vez y por qué le dieron acceso a las herramientas y la oportunidad para ahorcarse, aunque estaba en una celda bajo vigilancia though he was on suicide watch.



Jeffrey Epstein murió. Pero las verdades de este horrible caso no deben morir con él.

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