Editorial

El juicio político a Trump intenta salvar una democracia que se debilita

Parece que esta vez el presidente Donald Trump realmente metió la pata. No solo eso, también lo admitió.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, que ha rechazado firmemente las llamadas para destituir al presidente, no tuvo más remedio que capitular ante los crecientes pedidos de los legisladores demócratas y abrir una investigación para su destitución. Y eso es exactamente lo que Pelosi anunció el pasado martes.

En abril pasado, las conclusiones tan esperadas del Fiscal Especial Robert Mueller sobre el presidente y la interferencia rusa en las elecciones estadounidenses no fueron lo suficientemente claras, sus conclusiones eran debatibles y, en última instancia, no lograron avanzar el proceso de juicio político. Sin embargo, los informes de que Trump presionó al presidente de Ucrania para que descubriera posibles actos de corrupción por parte del ex vicepresidente Joe Biden y su hijo Hunter son de una claridad impactante que todos pueden entender. Esto es algo que no es debatible, aunque los aduladores republicanos de Trump lo intentarán. Si lo hacen, será la traición más atroz a los principios que Estados Unidos defiende, desde que los republicanos se negaron a otorgarle al juez Merrick Garland, candidato al Tribunal Supremo del ex presidente Barack Obama, una audiencia en el Senado.

El martes, Pelosi presentó una breve y directa causa y efecto de su decisión de iniciar la investigación de juicio político. Es simple, según la líder de la Cámara: Trump violó la Constitución; el presidente violó la ley.

La primera declaración parece obvia. La segunda declaración tiene un largo camino por recorrer antes de que los legisladores lleguen a una determinación final. La investigación es el primer paso importante. Aplaudimos a Pelosi y a los demócratas por hacerlo. También aplaudimos a los legisladores de Miami que apoyaron firmemente a Pelosi, a las representantes Donna Shalala y Debbie Mucarsel-Powell.

El escándalo comenzó con una denuncia de un informante no identificado en contra de un presidente de EEUU, algo no visto hasta ahora.

El informante no identificado, que se cree que es un miembro del personal de seguridad nacional, acusó a Trump de instar a un líder extranjero, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, a luchar contra la corrupción y, en el proceso, investigar a su principal rival político, el candidato demócrata Joe Biden, y a su hijo, que había trabajado para una compañía de gas ucraniana. Como vicepresidente del presidente Obama, Joe Biden tuvo negociaciones con ese país.

Trump dijo que tenía derecho a pedir que se considerara el tema de la corrupción en ese país, que tiene un historial de problemas. Esta bien hacer esa observación. Pero tal vez el presidente pensó que retener $391 millones en ayuda militar aprobada por el Congreso a Ucrania, una semana antes de la conversación, le ayudaría a influenciar a Zelensky para que aceptara llevar a cabo la investigación. Trump solicitó una investigación ocho veces durante la conversación con el líder ucraniano, lo ha admitido, pero, dijo, sin esperar algo a cambio (quid pro quo).

No acostumbrado a sentir que está en una posición vulnerable, Trump dijo que publicaría una transcripción de la conversación con Zelensky. Y para ponerse al día, el Senado liderado por los republicanos ahora insiste en que la denuncia del informante no identificado también se haga pública. La queja, que fue retenida y no había sido entregada al Congreso, en violación de la ley, fue enviada a los legisladores el miércoles, y la transcripción de la conversación de Trump también fue publicada.

Pelosi calificó los inminentes procedimientos de juicio político como “un momento de máxima gravedad”. Tiene toda la razón, por eso esperamos que el senador de Florida, Marco Rubio, corrija sus comentarios arrogantes sobre el tema emitidos el lunes: “Es posible hacer algo que está mal y que esa ofensa no conlleve a un juicio político, y la gente está usando esa frase tan vagamente que ha perdido todo significado”.

Usted se equivoca otra vez, senador Rubio. La frase no ha perdido su significado. Así como tampoco ha perdido importancia mantener la integridad de la presidencia de Estados Unidos.

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