Estados Unidos debe hacer todo lo posible por ayudar a estabilizar a Haití | Editorial
Tras la impactante noticia del asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse en su casa en las colinas sobre Puerto Príncipe el miércoles temprano, Haití se acercó peligrosamente a ser una nación sin gobierno.
Eso tendrá un impacto enorme en Miami, por supuesto, con su gran diáspora haitiana y sus profundos vínculos con el país. Miami es donde la esposa del presidente, Martine, que sobrevivió al ataque pero resultó herida, fue llevada el miércoles para recibir tratamiento por sus heridas.
Pero en el escenario internacional más amplio, la muerte de Moïse y la falta de un gobierno en funcionamiento también sirven como una señal clara de que Estados Unidos debe desempeñar un papel más importante en el futuro de Haití, comenzando ahora mismo.
La nación de 11.5 millones, que ya ha sufrida muchas crisis durante décadas, se había estado deteriorando aún más bajo el gobierno por decreto de Moïse desde enero de 2020, después de que el país no pudiera realizar elecciones. La violencia de las pandillas y los secuestros han aumentado, junto con las protestas callejeras contra el gobierno de Moïse. Los líderes de la oposición han estado exigiendo su dimisión.
El ex agricultor bananero, que asumió el cargo en 2017 sin experiencia política previa, fue acusado de utilizar bandas armadas para mantenerse en el poder. También fue acusado de corrupción, como parte de un informe exhaustivo sobre cómo varios gobiernos haitianos gastaron casi $2,000 millones en ayuda del programa PetroCaribe de Venezuela. Durante meses se había estado gestando una crisis constitucional y política, y Estados Unidos estaba al tanto de esto.
Vacío de liderazgo
La muerte del presidente dejó a Haití sin un liderazgo claro. Se suponía que las elecciones se celebrarían en dos meses. El miércoles, el presidente Biden calificó el ataque de “horrible” y “atroz”. Para el pueblo de Haití, probablemente es simplemente aterrador.
El vacío de poder ahora hace que la situación sea difícil de predecir. Moïse murió con un primer ministro interino no ratificado por el parlamento y uno nuevo, el Dr. Ariel Henry, aún no juramentado. Otra complicación: Henry no podría obtener la aprobación del parlamento, porque no ha existido desde enero de 2020, cuando Moïse declaró el cámara disfuncional.
Ni siquiera hay un presidente de la Corte Suprema, ya que René Sylvestre, el presidente, murió la semana pasada por COVID-19. En total, solo hay 10 funcionarios electos en el país, todos senadores. Y uno, Joseph Lambert, parece estar tratando de posicionarse en el puesto de presidente interino, o al menos algunos de sus partidarios lo están haciendo.
Todo esto indica que Estados Unidos, que se ha contentado con permanecer mayormente callado sobre Haití tanto en la administración Trump como en la administración Biden, tendrá que dejar de lado esta postura, inmediatamente.
La falta de un compromiso político real por parte de Estados Unidos mientras Haití continuaba cayendo en el caos fue visto por muchos como un apoyo tácito a Moïse, a pesar de las señales preocupantes durante meses de que el presidente se estaba convirtiendo en el nuevo hombre fuerte de la región.
En febrero, los miembros del Congreso enviaron una carta al secretario de Estado Antony Blinken instando a Estados Unidos a respaldar un gobierno de transición en Haití. Los legisladores dijeron que la situación de los derechos humanos allí era peligrosa y acusaron a Moïse de burlar la democracia.
En mayo, EEUU extendió por 18 meses el Estatus de Protección Temporal, o TPS, a los haitianos que ya viven en Estados Unidos, un reconocimiento importante de que las condiciones en el país se habían vuelto demasiado inestables para que los ciudadanos regresaran de manera segura.
“Estados Unidos ofrece sus condolencias al pueblo de Haití”, dijo un comunicado de la Casa Blanca el miércoles, “y estamos listos para ayudar mientras continuamos trabajando por un Haití seguro”.
Haití necesitará ayuda de Estados Unidos, sin duda. Pero, ¿cuál es la traducción práctica de trabajar para ayudar a Haití a estar seguro y protegido?
EEUU debe dar un paso adelante
Está claro que Haití necesitará orientación tanto inmediata como a largo plazo para avanzar de manera democrática. Este es un país que comenzó con instituciones débiles y ahora prácticamente no existen. Estados Unidos, como el mayor donante de Haití, no tiene más remedio que tomar la iniciativa, con socios internacionales y, lo que es más importante, la propia sociedad civil de Haití, para estabilizar a este país.
Una coalición internacional podría generar un gran beneficio muy rápidamente si decide hacer cinco cosas importantes para mejorar la condiciones básicas de vida en Haití: buenas carreteras, electricidad confiable, agua potable, vigilancia que funcione y vacunas COVID, por ejemplo.
Estados Unidos también debe abandonar la idea de tener elecciones en dos meses. La administración Biden había puesto sus esperanzas en elecciones “libres y justas”, negándose a tomar en consideración la cantidad de disturbios en Haití que haría que fuese muy difícil de realizar esos comicios en este momento.
Los gobiernos de transición han funcionado en el pasado. Ese es el mejor camino a seguir ahora. Las elecciones deben reiniciarse para una fecha que le dé tiempo a Haití para asentarse. Ir a las elecciones ahora solo resultará en más caos y en un electorado que no creerá en los resultados.
Quizás lo más importante de todo es que cualquier esfuerzo internacional y un gobierno interino deben hacer que la sociedad civil de Haití participe plenamente en la toma de decisiones sobre la nación. Demasiadas veces, Estados Unidos ha participado en lo que ha sucedido en Haití, pero no ha escuchado a la gente de allí.
Haití, afortunadamente, escapó de ser golpeado por el huracán Elsa, pero aún es temprano en la temporada de huracanes y podrían venir mas tormentas. Una coalición liderada por Estados Unidos debe intervenir antes de que se produzca otro suceso desafortunado, como un desastre natural, que haría que la situación actual, por muy mala que sea, empeore.
Haití tiene una relación larga y complicada con Estados Unidos. La muerte de Moïse solo lo hace más complicado. Pero con la muerte del presidente, Estados Unidos debe intervenir con cuidado. El objetivo esta vez debe ser, en última instancia, que Haití se defienda por sí solo.
Todavía no sabemos cuáles serán las ramificaciones completas de este asesinato. No sabemos en qué dirección irá el país ni cuál será exactamente el papel de Estados Unidos. Pero no hay duda, mientras esperamos saber más, que el asesinato del presidente de Haití significa que Estados Unidos debe hablar, clara y enérgicamente, para asegurarse de que esta nación torturada retroceda del precipicio del desastre y se dirija hacia la democracia.