En Miami, compartir un café cubano con otras personas no tiene precio | Editorial
El costo del café cubano, el estimulante preferido del Condado Miami-Dade, se disparó, duplicándose en algunas ventanitas. Un artículo del Miami Herald escrito por el editor de gastronomía Carlos Frías nos alertó a todos.
La inflación es la culpable de la sacudida al bolsillo. El precio promedio de una colada, un vaso desechable con cuatro onzas de combustible líquido destinado a ser compartido, cuesta ahora de $2.06. El costo de un solo vaso subió en unos 50 centavos.
Es, como respondió una persona cuando el reportero del Miami Herald Doug Hanks tuiteó sobre los aumentos de precios, “¡escandaloso!”.
En el mundo previo al COVID de 2019, se podía confiar en que una colada costaba alrededor de $1 en lugares populares como el restaurante Sergio’s en Kendall y otras ventanitas, que dispensan la dulce y espesa infusión oscura. En Miami, las ventanitas son omnipresentes, un lugar para charlar sobre el tema del día y tomar un cafecito rápido. El Miami Herald tiene incluso un podcast gastronómico semanal llamado La Ventanita, presentado por Frías.
Entonces, ¿causó indignación el precio más alto del café cubano desde La Pequeña Habana hasta Homestead? ¿Y se vaciaron las ventanitas por el dólar extra que tienen que pagar los clientes?
De ninguna manera. En uno de los sitios de café más populares, el restaurante Chico’s de Hialeah, que aparece en el artículo del Herald, la actividad es más dinámica que nunca. Eso es lo que dice Bárbara, que ayuda a manejar la máquina de café de tonos plateados en la ventanita del restaurante.
‘Algo social’
“No ha cambiado nada; sigue viniendo la misma gente”, explica a la Redacción. Ella sabe por qué los clientes no se han retirado.
“Tomar café cubano aquí es algo social”, dijo.
Disfrutar de un cafecito es no solo un café. Se trata del arte de socializar y conectar con otros seres humanos, ya sean clientes habituales en el mismo viaje ritual de la cafeína o perfectos desconocidos.
Mientras están de pie, toman un sorbo y piden una croqueta o un pastel de guayaba, muchos clientes de las ventanitas —a menudo hombres de cierta edad— hablan de política, rememoran, intercambian noticias sobre sus hijos y nietos. El ritual del cafecito es eterno.
“Los seres humanos son fundamentalmente criaturas sociales”, explicó a la Junta Editorial Asia A. Eaton, psicóloga social y profesora asociada de la Universidad Internacional de la Florida (FIU). “La necesidad de pertenecer, de socializar con otros es muy fuerte”.
En otras palabras, las ventanitas probablemente podrían salirse con la suya cobrando aún más. La gente seguiría acudiendo. ¿$2 por vaso? Por la oportunidad de beber y conectar, es una ganga.
Adelante, suban el precio del café cubano. Los miamenses seguirán acudiendo. En esta ciudad, una colada —y todo lo que la acompaña— no tiene precio.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de mayo de 2022, 5:00 a. m..